Saloniti, año uno

Saloniti, año uno

El 11 de diciembre de 2019, Carlos Saloniti asumía con enormes desafíos y problemas de fondo que, sin embargo, en un año de gestión, todavía no ha comenzado a resolver. Por el contrario, parecen agudizarse día a día.

Por PABLO PARRILLA

Cierto día, el guardián de un monasterio zen murió y había que sustituirlo. El maestro reunió a sus discípulos y, para elegir a la persona indicada, les presentó un problema: trajo al centro de la sala un banco y colocó encima un enorme y hermoso florero de porcelana en el que se hallaba una preciosa rosa roja. Este es el problema indicó.

Los discípulos contemplaron perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levanto, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el vaso con determinación, lo retiró del banco y lo puso en el suelo. Usted es el nuevo guardián – le dijo el gran maestro -, y explicó: Fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema.

No importa cuán fascinantes o raros sean, los problemas deben ser resueltos.

Al igual que en este breve relato, el primer año del intendente Carlos Saloniti puso en evidencia los peligros que representa atascarse en la contemplación de los problemas sin otorgar soluciones de fondo, sabiendo que muchas veces el peso de los asuntos irresueltos es peor que las consecuencias de los propios problemas.

Hay quienes piensan que generar modificaciones estructurales de un estado (nacional, provincial o municipal) es un pensamiento utópico, por no decir ingenuo. Hay otros que, como decía Alfonsín, pensamos que si la política fuera solo el arte de lo posible, sería el arte de la resignación. Nuestro intendente, aún no resolvió cual es su lugar de pensamiento.

Desde el análisis político, es posible dividir este primer año de gestión en dos partes. Por un lado, los tres primeros meses de gestión estuvieron marcados por una evidente proactividad que ilusionó a propios y ajenos. Por otro lado, durante el resto del año el ejecutivo municipal naufragó en una pasividad rutilante, frente a desafíos crecientes y angustiantes para muchos sanmartinenses.

Más allá de su impulso inicial por cumplir sus promesas de campaña (alumbrado, barrido y limpieza), a esta altura del partido, el intendente habrá entrado en la realidad de que gobernar San Martín de los Andes en pleno 2020 exige mucho más que esa gestión típicamente barrial que incipientemente había comenzado a producir a inicios del ciclo.

Y esas exigencias ciudadanas, además de seriedad, proactividad y profesionalismo, requieren de un equipo de gobierno a la altura de las circunstancias. He aquí, quizá, el principal defecto de este año de gobierno.

Un repaso por las principales dificultades de este año deja en evidencia la necesidad de un abrupto golpe de timón y un relanzamiento de los objetivos gubernamentales. Entre las principales dificultades se evidenciaron el pago de falsas horas extras a empleados municipales y sus reiteradas retenciones de tareas, la renuncia de directores de área por chispazos de gestión interna, la relación explosiva de algunos funcionarios con el personal y la ciudadanía, la falta de cintura política con las cámaras empresarias de la localidad (a pesar de haber decidido mantener abierto el pueblo durante la mayor parte del tiempo, asumiendo graves riesgos sanitarios), las graves dificultades y traspiés en materia sanitaria, la incapacidad de resolver los asuntos de recolección de residuos y de transporte de pasajeros, el descontento de diversos sectores con el trabajo realizado en el Consejo de Género, la inexistencia de obras y políticas publicas de gran alcance y, claro está, la imposibilidad por resolver de manera sustentable las finanzas municipales derivadas de la larga y grave problemática de coparticipación municipal. Todo lo anterior, se suscitó a pesar de tener el apoyo del gobierno provincial y una fuerte asistencia de Nación.

Es cierto que las responsabilidades políticas de estos desafíos incumplidos puede estar, principalmente, en manos de algunos de sus principales funcionarios. Pero aún siendo así, es imposible no realizar una transferencia de responsabilidades a quien tiene el mando de gobierno. Pues si el gobierno es de quien gobierna, las responsabilidades también lo son. Es allí donde la pasividad por modificar los parámetros estructurales –incluyendo el reemplazo de los “funcionarios que no funcionan”– más que una necesidad, es una obligación del gobernante para evitar perder sus propias partidas.

Ese golpe de timón y relanzamiento en búsqueda de nuevos objetivos de mediano plazo, liderado por un equipo de trabajo profesional, respetuoso y eficiente, será lo único que le permita al intendente dejar de correr detrás de las urgencias constantes para atacar las cuestiones verdaderamente importantes para el desarrollo de nuestra ciudad. Sin funcionarios con capacidad resolutiva a quien delegar las tareas cotidianas, la gestión naufragará definitivamente, sin liderazgo.

Por el bien de todos los sanmartinenses, Saloniti debe reaccionar y debe hacerlo ya. Tanto es lo que falta por delante que, con los cambios necesarios, hasta quizá esté a tiempo de desmitificar la vieja frase política que recuerda que “lo que no se hace en los primeros tres meses de gobierno, no se hace más”.

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