EL ANDINO

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Lago Huechulafquen

Visitar el lago Huechulafquen es toda una experiencia… O mejor dicho: son varias, múltiples experiencias de acuerdo a cómo se lo recorra –por tierra o por agua– y, sobre todo, en qué estación del año o bajo qué condiciones climáticas.

Porque en verano y primavera ofrece un paisaje usualmente apacible y soñado y un brillo entre verde, ocre y azul, con todas las gamas imaginables, mientras que en invierno u otoño puede presentar un escenario que va del blanco al gris plomizo, violento y espectral, con eventuales tormentas que solo podría describir Julio Verne.

Ubicado a unos 23 kilómetros del centro urbano de Junín de los Andes, se llega a ese inmenso espejo de agua recorriendo la Ruta 40 que, antes de cruzar el puente sobre el Chimehuin, se abre a la izquierda, transformándose en la Ruta Provincial 61.

A partir de ahí son unos 20 kilómetros para alcanzar la boca del río Chimehuin, conocida mundialmente por ser un extraordinario lugar para la pesca de la trucha, y la entrada al Parque Nacional Lanín, desde donde se tiene una excepcional panorámica del lago con el volcán Lanín como fondo –si el clima lo permite.

Con sus más de 78 kilómetros cuadrados de superficie, el Huechulafquen es uno de los más grandes del Neuquén, pudiéndoselo calificar como un verdadero mar interior que brinda todo lo que un viajero podría desear: naturaleza agreste y servicios imprescindibles.

El Centro de Visitantes recibe al viajero con sanitarios, incluso para personas con capacidades diferentes, y lo orienta con información del área natural, al tiempo que realiza el cobro de acceso al Parque.

Entonces se avanza por la margen derecha del lago para ingresar al bosque, serpenteando entre impresionantes ejemplares y vistas. Cuando se llega a la Seccional del Guardaparque, el camino se angosta, debiéndose tener precaución al circular con vehículos.

Hay áreas de acampe organizado en Bahía Cañicul y en Raquithue venta de comestibles y artesanías en las numerosas casas de pobladores rurales ubicadas a la vera del camino, incluso una casa de té, todo perteneciente a la comunidad mapuche originaria del lugar. No obstante, siempre hay que prever que pueden hallarse cerrados… Es decir, conviene llevar consigo agua potable y alimentos.

Un poco más adelante, en Puerto Canoa, está el muelle desde donde parten excursiones lacustres en el catamarán ‘José Julián’, con una amplia playa, dos hosterías para pescadores, un sendero de interpretación natural; el sitio donde la mole nevada del volcán Lanín está casi al alcance de la mano.

Hacia el final del camino se llega a La Unión, base de un destacamento de Gendarmería, con su inesperada y particular capilla dedicada a María Auxiliadora, que se levanta en el sitio hasta donde habían llegado los jesuitas en el siglo XVII en plan evangelizador de los pobladores locales.

Rodeado de gigantescos pehuenes (o araucarias), en este lugar se abre todo un paisaje en sí mismo, dominado a izquierda y derecha por el Huechulafquen y el lago Paimún, ya que allí se unen sus aguas.

Lugar donde hacer placenteras caminas, un silencioso y reparador descanso y, una vez disfrutado el maravilloso entorno, seguir un tramo más hacia la margen derecha del Paimún o desde donde emprender el regreso.

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