EL ANDINO

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Paraje Trompul

Paraje Trompul

De camino al Mirador Bandurrias y La Islita y luego de andar senderos entre cipreses, radales, robles y coihues, alcanzamos uno de los poblados rurales más cercanos a San Martín de los Andes, conformado mayoritariamente por la comunidad Cayún: el Paraje Trompul.

En bicicleta, a pie –modos que más convienen al viajero– o en auto, se llega a la casilla donde se paga el ingreso y se puede obtener alguna provisión o usar los sanitarios, y allí están las primeras casas, en general viviendas humildes cuyos propietarios viven de las actividades agrícolas y del turismo.

Hacia la izquierda, como yendo al Mirador Bandurrias, ya se puede tener una visión panorámica espectacular del lago Lácar. Y avanzando hacia La Islita, por la derecha, se ingresa al bosque que cobija el Paraje y a la mayoría de sus pobladores.

El bosque es sobrecogedor: su silencio solo interrumpido por el cantar de las aves que lo habitan, el sonido propio de los animales de corral o algún ladrido esporádico, llevan a reflexionar sobre el esplendor de la naturaleza, su majestuosidad de enormes troncos coronados por tupidas copas.

En la medida que se avanza en el camino, sea haciendo trekking o mountain bike, vale la pena detenerse para observar las casas que allí se levantan y tratar de discernir el modo de vida y de supervivencia de quienes las habitan, hombres y mujeres de trabajo que también saben enfrentar las inclemencias del clima y de cierto aislamiento.

El bosque les da sustento y los cobija con su calor en los crudos inviernos, ya que utilizan la madera que naturalmente decanta la naturaleza. Producen y comercializan dulces caseros, frutas finas y pan casero, así como artesanías en madera y otros materiales locales que ofrecen allí mismo o en las ferias de San Martín, cuando no a través de comercios.

Promediando el andar se alcanza la Escuela 146, con una intensa actividad no solo educativa sino también económica y cultural, ya que con la colaboración de organismos como el INTA se producen hortalizas y vegetales para el consumo de las familias, al tiempo que los chicos aprenden.

En los sitios adaptados se puede hacer picnic durante todo el año, especialmente cuando el clima lo permite. Y es posible acampar en la zona de La Islita, siempre y cuando se cuente con autorización de la comunidad.

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