Las cuatro patas de la huerta orgánica

Las cuatro patas de la huerta orgánica

Foto TV AGRO

El cultivo de hortalizas sin agroquímicos aprovechando mejor la tierra, cuidando la fertilidad, cuidando el ambiente y contribuyendo a la sustentabilidad de los ecosistemas.

Por JORGE E. GRAZIANO*

Introducción

Una actividad tan noble, natural y genuina como el cultivo de la tierra para obtener alimentos, no debería haberse desvirtuado por el avance de la civilización con su impronta mercantilista.

Tantas veces se ha dicho que, los avances, la intensificación, los paquetes tecnológicos, son para producir más y para acabar con el hambre en el mundo, para ayudar a erradicar la pobreza.

Sin embargo, los años han pasado y desde la famosa Revolución Verde, allá por los años 60, si bien se han incrementado mucho las cosechas gracias a la mecanización agrícola y al uso de agroquímicos, al final lo que se ve que el hambre sigue, la pobreza está y los negocios y ganancias fueron cada vez mejor para las grandes corporaciones de alimentos.

Este supuesto avance en la agricultura no ha mejorado la distribución de la riqueza, ni entre países, ni entre los habitantes.

Pero hay consecuencias más importantes y trascendentes, que van a afectar a las futuras generaciones: la pérdida de suelos fértiles, la pérdida de biodiversidad, la pérdida de calidad del aire, agua y ambiente en general.

Hoy está en discusión esta forma intensiva de producir alimentos, los intereses económicos son muy fuertes, hay resistencia a los cambios; pero en varías partes del mundo desarrollado o en vías de desarrollo se realizan experiencias productivas agroecológicas, que desvirtúan ciertos mitos, como el que pregona “la producción agroecológica, si bien es de mejor calidad, no se puede hacer en cantidad”. Esto ya se ha comprobado que no es así.

Las 4 patas de la huerta orgánica

La huerta orgánica es una manera de cultivar hortalizas sin uso de agroquímicos, cuidando el mundo vivo del suelo con fertilizantes naturales, aplicando métodos de cultivos conservacionistas, cuidando el ambiente y siendo eficientes en el uso del recurso agua.

Para comercializar productos orgánicos, los países tienen organismos de certificación que garantizan la trazabilidad del proceso productivo. Esto tiene un costo económico que es justificado asumir, cuando hay una determinada escala de producción.

Por eso a nivel de productores familiares, pequeños productores o feriantes, que no tienen certificada su producción, se habla de producción agroecológica, término que engloba a todas las prácticas de huerta orgánica.

A modo ilustrativo imaginamos la huerta orgánica como una mesa sostenida por cuatro patas: asociaciones, rotaciones, abono orgánico y manejo agroecológico.

Para aplicar estas técnicas, necesariamente debemos tener una planificación organizada de que sembrar o trasplantar en cada cantero, en cada temporada.

Asociaciones

Asociar cultivos es generar diversidad en nuestro espacio de huerta familiar o en una huerta comercial. Significa cultivar distintas variedades de hortalizas en un cantero: una línea de zanahoria, una línea de lechuga, una línea de puerro; por ejemplo.

Asociar también significa cultivar en los canteros, especies aromáticas, las cuales nos permiten controlar mejor plagas y enfermedades. Ej.: orégano, tomillo, poleo, albahaca, caléndula y copete.

Además de poner diferentes especies en un mismo cantero, hay que tener en cuenta los tiempos a cosecha de cada especie. Hay cultivos de aprovechamiento rápido como rabanito, lechuga; y otros más lentos como repollo y zanahoria. La idea es tener los canteros cubiertos en cada temporada ya sea por las mismas especies de ciclo corto cosechadas o por otras que aprovechen bien los nutrientes del suelo.

En esto de aprovechar los nutrientes del suelo, debemos tener en cuenta que las hortalizas toman nutrientes a distintas profundidades según su tipo de raíz. Hay raíces superficiales como las de la lechuga y otras más profundas como las del tomate.

Debido a estas características de las raíces se puede aprovechar mejor el suelo de cultivo, si en una línea de lechuga ya cosechada (raíces poco profundas), ponemos otra hortaliza que tome nutrientes a mas profundidad.

También hay que tener en cuenta los distintos tipos de hortalizas: hortalizas de producción subterránea, como la papa, el ajo, la cebolla, el rabanito, la remolacha o la zanahoria; y otras de producción sobre la superficie como las hortalizas de hoja y de fruto (tomate, pimiento, berenjena, haba, arveja, zapallo).

Entonces para resumir, tenemos asociación entre hortalizas de distinto nivel de aprovechamiento de nutrientes, asociación con aromáticas y asociación de cultivos de rápido aprovechamiento con otros de ciclo largo.

También se puede considerar la altura de las hortalizas para que no se sombreen entre líneas.

Podemos ver asociaciones posibles en el PDF que se descarga pulsando ACÁ.

Rotaciones

ESQUEMA DE ROTACION DE 4 CANTEROS

Hacer rotaciones de cultivos significa no sembrar o trasplantar el mismo cultivo en el mismo cantero, la siguiente temporada. Esta práctica, además de aprovechar mejor el suelo, permite controlar mejor las plagas que son específicas de cada hortaliza. Ej.: si en un cantero cultivamos todos los años repollo, y tenemos como plaga el pulgón del repollo, favorecemos el establecimiento y la reproducción de la plaga.

Por otro lado hay una gran familia de hortalizas, las leguminosas, que tienen la particularidad de aportar con sus restos de cosecha, nitrógeno al suelo. El nitrógeno, junto al potasio y fosforo son los macro nutrientes mas consumidos.

Entre las leguminosas más conocidas podemos nombrar la haba, la arveja, el poroto, el garbanzo, la lenteja y la soja.

Las leguminosas tienen esta particularidad, porque pueden fijar el nitrógeno atmosférico y transformarlo en nitratos disponibles para las plantas a través de una simbiosis de sus raíces con un género de bacterias específicas del suelo. Recordemos que el nitrógeno es el principal constituyente de aminoácido y proteínas.

Debido a estas características, las leguminosas siempre tienen que estar en cualquier esquema de rotación.

Abono orgánico

La reposición de nutrientes en los suelos de cultivo, se modifico por la intensificación de la producción debido a la mecanización agrícola y a la consecuente utilidad económica.

Cuando los nutrientes se agotaban, la mejor solución fue utilizar fertilizantes sintéticos y esto fue el principio del fin de la vida en el suelo y todo su sistema ecológico.

Se podían haber repuesto nutrientes con abono orgánico producido en gran escala con los desechos organicos de la basura doméstica y desechos agroindustriales, pero no, el camino elegido fue el de los fertilizantes sintéticos, tal vez por precio y facilidad de aplicación.

El problema es que no se tuvo en cuenta la dinámica y los ciclos de la materia que ocurren en el suelo. Los desequilibrios y los perjuicios para el suelo y el ambiente fueron inevitables. Hoy tenemos que convivir con suelos muertos que dependen para su fertilidad, de productos sintéticos. Al alterar los ciclos de la materia, por más que se hayan optimizado la dosificación de fertilizantes sintéticos con los avances tecnológicos, ocurren lavado de excedentes y residuos por el riego o las lluvias, estos van a arroyos ríos y lagunas. Esta acumulación excesiva de nutrientes en las vías de agua da lugar a un proceso que se denomina eutrofización, que genera una superpoblación de organismos acuáticos, que al final terminan pereciendo por falta de oxígeno y alimento. La consecuencia de esto son los malos olores y la contaminación de las vías de agua, con el consecuente impacto en la cadena alimentaria de la fauna silvestre y la biodiversidad.

El abono orgánico además de ser un producto obtenido naturalmente, no genera desequilibrios en el suelo y su micro fauna, lo mantiene activo y equilibrado.

No existe el problema de la sobredosificación como en los fertilizantes químicos.

Tampoco altera los ciclos de la materia, sino que forma parte de ellos.

Por eso el abono orgánico, abono compuesto o compost es un sostén fundamental de la huerta orgánica.

¿Cómo obtenerlo? Aquí nos remitimos al artículo anterior de ‘Producción de abono a partir de los desechos orgánicos domésticos y otros’.

Principalmente destacamos que hay dos sistemas: producción de abono compuesto en tierra, mediante una abonera, y producción de lombricompuesto en sistemas confinados mediante lombrices californianas.

Manejo agroecológico

Cuando hablamos de agroecología nos referimos a producir alimentos cuidando la conservación y sustentabilidad de los recursos.

La intensificación de los monocultivos afecta la fertilidad natural de los suelos, la calidad del agua, del aire y la biodiversidad. Inevitablemente se generan pérdidas y desequilibrios en los ecosistemas naturales y modificados.

Si cultivamos la tierra sin cuidar el medio ambiente y con un fin netamente mercantilista, las consecuencias van a ser la erosión, la contaminación, la pérdida de biodiversidad y la producción de alimentos menos naturales. También la dependencia económica de paquetes tecnológicos.

USO DE LA LAYA O BIELDO PARA REMOVER LA TIERRA

Entonces si labramos el suelo con métodos conservacionistas, estaremos evitando la erosión y mejoraremos la dinámica trasformadora del mundo vivo que lo habita. A nivel de pequeño agricultor, conservamos la capa fértil del suelo, aireándola con herramientas de mano como la laya o bieldo y usando cinceles o discos, en labranza con maquinaria. Ya no más el arado que da vuelta el pan de tierra. Hay que conservar la capa fértil superficial, la fertilidad de los suelos se forma de arriba hacia abajo.

Con el uso de abonos naturales, evitamos la contaminación de las vías de agua y el impacto en la biodiversidad. Los abonos naturales mejoran la estructura del suelo, aumentando no solo la fertilidad, sino la capacidad de retención de agua. Además conservan la vida microscópica del suelo, tan importante en los ciclos de la materia.

Usando métodos de control de plagas y enfermedades más naturales, evitamos contaminar suelos y aguas. Por ej. incluyendo plantas aromáticas arbustivas en el perímetro de la huerta, ajenjo, lavanda, romero, ruda, melisa, piretro, copete; y cultivando aromáticas herbáceas en los canteros de cultivos, como orégano, tomillo, poleo, caléndula.

Entre las plantas aromáticas hay plantas repelentes como la caléndula para nematodos y babosas o la salvia para el gusano del repollo y la mosca de la zanahoria; plantas atractivas de insectos benéficos y plantas trampa. Por ejemplo el ajenjo atrae pulgones negros como planta trampa, alejándolos de las hortalizas.

Las hortalizas de la familia de las umbelíferas, como la zanahoria, el apio, el perejil y el hinojo, con sus flores, son atractivas de insectos benéficos.

Dentro del manejo agroecológico en el control de plagas y enfermedades, también consideramos el uso de productos permitidos para cultivos orgánicos como biopreparados que son preparados de origen vegetal o animal que tienen efectos fertilizantes, estimulantes o de control y prevención de plagas y enfermedades. Por ej infusiones, decocciones y maceraciones de plantas aromáticas como romero, salvia, o lavanda.

También hay productos de origen mineral permitidos en cultivos orgánicos como la tierra de diatomeas para control de insectos o el oxicloruro de cobre para el control de hongos.

ACOLCHADO O MULCHING EN HORTALIZAS

En el caso de canteros que duran más de una temporada, como los cultivos de frutilla comerciales, al final del ciclo productivo (unos 4 años), se puede hacer un abono verde, que es cultivar alguna gramínea (ej avena), asociada con una leguminosa (ej. vicia), para enterrarlos al comienzo de la floración para mejorar la estructura del suelo y aportar fósforo y nitrógeno. Esta práctica corta el ciclo de algunas plagas y recupera el suelo.

El mulching o acolchado vegetal de pasto seco o productos de chipeado de ramas, permite controlar malezas, ahorrar agua por menos evaporación y proteger del frio a las partes más sensibles de las plantas como el cuello y la raíz.

La mejora en la eficiencia del riego, adoptando el riego por goteo; ayuda a cuidar el recurso agua y evita la erosión y perdida de nutrientes por lavado.

Resumiendo, el manejo agroecológico nos dice como cultivar mejor nuestras plantas, conservando la fertilidad del suelo, controlando plagas y enfermedades, sin contaminar y utilizando los recursos en forma eficiente. Un equilibrio entre la producción de alimentos y el cuidado del ambiente.

*Jorge E. Graziano es ingeniero agrónomo. Extensionista retirado AER – INTA San Martín de los Andes.

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