La sociedad de los bichos

La sociedad de los bichos

Imagen PROYECTO LEMU

Tenemos visibilizados a los bichos como organismos que hacen daño, escapan y se esconden. Y al parecer hay muchos bichos en el gobierno pero también en la sociedad…

Por ESTANISLAO JUDICKAS

Dentro del reino animal, los bichos están clasificados en el grupo de invertebrados, muchos son caminadores, algunos reptan, otros vuelan y hay algunos del medio acuático. Los bichos son animales menores… Una araña, una mosca, una babosa, un pulgón, una pulga, un escarabajo, una hormiga; hay muchos y todos están por debajo de la complejidad de otros animales superiores como por ejemplo las aves y los mamíferos.

No regulan su temperatura corporal así que en invierno se protegen del frío con distintas estrategias. Mientras haya comida y buena temperatura se multiplican con unas cuantas generaciones por año. Tienen hábitos escurridizos y cuando son plagas de los cultivos o parásitos de animales mayores, luchan por su supervivencia igual que otras especies.

Este comportamiento natural no sería un problema, sino provocaran daños en cultivos y animales de interés utilitario para el hombre o daños al hombre mismo. Es así que tenemos visibilizados a los bichos como organismos que hacen daño y escapan, se esconden y cuesta controlarlos.

Vista esta somera descripción, no es extraño que el imaginario popular hay adoptado la costumbre de llamar bicho a los sujetos que le escapan a la responsabilidad, que nunca se hacen cargo de nada, que tiran la piedra y esconden la mano. ¿Mira que bicho que es fulano?, dicen. Si, bicho para zafar, eludir, engañar, después de hacer alguna macana.

Es decir, llamar bicho a una persona es relacionarlo con el engaño, la avivada, la irresponsabilidad y el ocultamiento. Por lo que se ve esta etiqueta no tiene limitaciones de género o cultura.

Y lamentablemente hay muchos bichos en el gobierno y en la sociedad, veamos.

La transparencia en los actos de gobierno de cualquier tipo, debería de ser la norma y no la excepción. Desde el gobierno de un país hasta la conducción de un grupo.

¿Cómo puede admitirse que haya gastos reservados, expedientes secretos, reuniones confidenciales, planificaciones en las sombras…?

Esta muy claro que en el afán de ser ejecutivos muchos dirigentes “creen saber” lo que es bueno para una institución o país, entonces consensuar, acordar, compartir, debatir, publicitar actos de gobierno, son tareas tediosas, largas y inconducentes; por lo cual se evitan para tomar decisiones. Al final esas decisiones serán sesgadas, partidarias o caprichosas y seguramente no serán las más apropiadas para mejorar la gestión, sobre todo si se piensa a futuro, en la continuidad, en generar participación, en la alternancia del poder y en la diversidad de ideas.

¿Pero, por qué hay personas que actúan así, con ese comportamiento de bicho…? Bueno, hay varios motivos, la incapacidad para ejercer los cargos, el bajo nivel de educación y conocimientos, la falta de talento para relacionarse, la ambición desmedida de poder, el miedo a quedar expuestos, la mirada sesgada de los asuntos, entre otros.

Un rasgo visible del bicho en el ejercicio del poder, es el necesario autoritarismo favorecido por la estructura piramidal de las organizaciones y la imposición de ideas muchas veces de forma compulsiva. El dirigente bicho no sabe de consensos y organiza su gestión de espaldas a sus subordinados y con poca o nula rendición de sus actos.

Este perfil es nefasto y muy condicionante para logros sociales inclusivos, estables e integrados.

Escondiendo, ocultando, informando mal, no ayuda para una transformación social superadora. Si entre los grupos gobernados hay muchos bichos, lo que debe hacer la dirigencia es no ser “un bicho más”. Hay que dar el ejemplo, generar confianza y respetar el disenso. Entonces seguramente las personas dirigidas podrán evolucionar hacia formas de convivencia más sanas, más honestas, más integradas.

Instituciones más fuertes y representativas, ciudadanos con mas confianza en sus dirigentes y mejores logros sociales; serían posibles con menos bichos y más personas.

¿Y el bicho ciudadano? Ese que cree que los funcionarios, la policía, los jueces; son “coimeros”, claro el que paga la coima seguramente es honesto. O el bicho ciudadano que evade, trasgrede, falsea, esquiva, no se hace cargo, es ventajero. El mismo bicho que cree que la corrupción es un problema de un sector de la sociedad, cuando en realidad es de toda la sociedad.

¿Por qué Argentina teniendo recursos materiales y humanos muy interesantes no progresa?

Una buena explicación podría ser esta manía recurrente de ser bicho, trabajar de bicho, vivir como bicho y mostrarse como más bicho que otro.

Tal vez después de muchos años de esta degradación, cueste bastante resurgir para ser humanos y expresar todos los valores nobles de nuestra especie, pero creo que no tenemos mucho para elegir si deseamos un futuro mejor.

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