La política del berretín

La política del berretín

Foto ELMUNDO.ES

Los ‘berretines’ de Alberto Fernández –como la expropiación de Vicentin y la designación de algunos funcionarios, entre otros temas– son cuestionados por el autor del presente artículo, ya que crearon controversias sociales que pudieron haberse evitado.

Por ESTANISLAO JUDICKAS

Evidentemente, no se necesita mucho tiempo de gobierno para dejarse seducir por el poder. El manejo de la situación sanitaria actual, si bien es correcta en sus formas, contribuye de alguna manera a que ciertos gobernantes con el presidente Fernández a la cabeza, crean que pueden hacer cualquier cosa con la sociedad.

Es muy conocido el efecto que causa en nuestras decisiones, el tener dinero y poder, comparado a cuando no lo teníamos. Uno piensa distinto, se le antojan cosas que antes ni las pensábamos. Imaginemos este efecto en un gobernante, en este caso el presidente de la Nación, disponiendo de los dineros públicos y de la suma del poder.

Y sí… aparecen ‘berretines’, decisiones antojadizas que no se explican, si analizamos la coherencia de los primeros meses de gestión.

Si a cualquiera de nosotros por tener una mejor situación, se nos antojaran berretines, mientras no afectemos a otros, no sería un problema; pero si los berretines son de un gobernante y están en juego los dineros públicos, la moral y la justicia, eso es otra cosa.

Los ‘berretines’, decisiones antojadizas que no se explican, si analizamos la coherencia de los primeros meses de gestión.

Como es esto de que un día se despierta y «se le prenden las luces» (textual) al presidente, de cómo resolver un concurso preventivo de una empresa.

Siempre nos llenamos la boca con esto de la independencia de poderes, pero para el presidente, que es abogado, parece que el poder judicial no existe.

Se sabe que hay un juez a cargo del concurso preventivo que es la autoridad en el manejo de la empresa concursada.

Con qué necesidad y de un día para otro, se sale a hablar de expropiación, de nombrar a un interventor y que este inmediatamente intente invadir la empresa. Decir también que el gobierno no negocia con delincuentes, cuando no hay una condena firme. ¿Diría esto mismo para las causas que involucran a Cristina Fernández?

¿No hubiera sido mejor, hablar primero con los referentes de la empresa y con el juez a cargo del concurso preventivo, ver el contexto, si se quiere intervenir o hacer una expropiación?

El ejercicio del poder no es para tener caprichos de ocasión, ni actuar de golpe por sentirse iluminado con ideas fantásticas.

Y no valen los caprichos, primero porque dejan de lado los consensos y después porque no se pueden manejar los dineros públicos y la moral de manera arbitraria.

Y están habiendo varios ejemplos al respecto.

El ejercicio del poder no es para tener caprichos de ocasión, ni actuar de golpe por sentirse iluminado con ideas fantásticas.

Las últimas declaraciones públicas desde el caso de la represa Portezuelo del Viento; opiniones sobre conocimientos de infectología; el nombramiento de una persona con visión sesgada, en la dirección del Servicio Penitenciario Federal; las opiniones vertidas sobre el regreso o no de distintas actividades, incluidas las deportivas; este asunto de la posible expropiación de Vicentin; este repentino conocimiento profundo sobre la Soberanía Alimentaria…

Ahora resulta que un abogado con experiencia política, es un experto en impacto ambiental, ya es casi es un infectólogo, sabe de manejo de cárceles, opina sobre protocolos deportivos y tiene muy claro «qué es» la Soberanía Alimentaria y cuál es el «único» camino para resolver un concurso preventivo con una expropiación. ¿No es mucho?

Opinar en forma negativa sobre un proyecto tan importante como la represa Portezuelo del Viento en Mendoza, no sería tan grave, pero hacerlo junto al gobernador de La Pampa, sabiendo de su oposición al proyecto y de su afinidad política, es por lo menos inoportuno y hasta parecería partidista. Hay informes preliminares positivos sobre el impacto ambiental sobre todo en el caudal del Río Colorado, pero lo relevante es que existe un comité interjurisdiccional de la cuenca del Río Colorado, integrado por representantes de cinco provincias: Mendoza, Río Negro, Neuquén, La Pampa y Buenos Aires. Entonces, ¿no sería más prudente esperar el informe de este comité de cuencas, antes que agitar las aguas y generar incertidumbre en el proyecto de una obra tan importante?

Ahora resulta que un abogado con experiencia política, es un experto en impacto ambiental, ya es casi es un infectólogo, sabe de manejo de cárceles…

Para ser médico hay que tener una carrera universitaria, hacer las prácticas, las residencias y si se sigue una especialidad son más años de estudio. Además un infectólogo que se precie, deberá hacer su experiencia afrontando diversas situaciones. Alguien que no sea especialista no puede decir, ni en broma, que por compartir unos meses con un grupo de asesores médicos y científicos, ya está en condiciones de opinar públicamente sobre el tema.

El servicio penitenciario… Otro gran tema, ¿a quién poner al frente? Y lo primero que uno piensa es a un especialista, que conozca desde lo que es la formación del personal penitenciario, hasta la estructura del sistema, pasando por las características culturales de la población carcelaria, el presupuesto, las condiciones de confinamiento, la educación, la reinserción y sobre todo el cumplimiento efectivo de condenas y resarcimiento del daño provocado a la sociedad.

La verdad, poner al frente a una persona de la llamada justicia legíma, no ayuda para nada, más sabiendo lo que ocurrió en el pasado con las fiestas en las cárceles, el batayón militante, la relajación de las salidas transitorias, la fiesta de los presos con celulares amenazando y dirigiendo operaciones desde su confinamiento… En fin, encima a todo esto se suma la sombra del monje negro de Eugenio Zaffaroni, una especie de Berlusconi argentino, ma non tropo, exjuez garantista, de doble moral.

Opinar sobre el mundo de actividades comerciales, industriales y agropecuarias es también tareas de especialistas, estas actividades están atravesadas por un sin número de relaciones cruzadas que influyen en la mayor o menor concentración de gente, en transportes, sitios públicos y lugares de trabajo. Si al Estado le es dificultoso controlar la asistencia de jubilados a los bancos, pensemos lo difícil que es liberar actividades sin aumentar el riesgo de contagio. Así que en este tema también hay que ser muy prudente en las opiniones.

Lo mismo vale para las actividades deportivas, entre ellas el fútbol, que tanta pasión despierta en nuestro país… Esperemos que la pasión no nuble la razón.

Y entre todo este combo de situaciones, como si no tuviéramos problemas económicos, ni una pandemia y sin ninguna necesidad, el presidente se embarca en el caso Vicentin.

Creo que el tema no pasa por expropiación sí o expropiación no; pasa por la forma, la oportunidad, el contexto y necesidad. Alguien en su sano juicio cree que va a cambiar el manejo del mercado de granos, la liquidación de divisas y el sector exportador, porque el Estado se haga cargo de esta empresa… Por favor que quede este artículo como testigo para el futuro por si expropian a Vicentin.

Y si no tuviéramos problemas económicos, ni una pandemia y sin ninguna necesidad, el presidente se embarca en el caso Vicentin.

El manejo de mercados de exportación, precios de referencia, aranceles y subsidios debería tener una política de Estado, no para una empresa, sino para todas, si es que queremos llegar a la pomposa Soberanía Alimentaria de la que tanto hablan muchos y conocen pocos.

Estaría mejor ser prudentes, hablar menos, sobre todo si lo que se dice no ayuda, ni integra a la sociedad. Sí, hablar menos, gestionar y dejar que los especialistas traten los temas como se debe. También y por sobre todas las cosas, respetar la división de poderes del Estado.

Los argentinos ya estamos un poco cansados de berretines, de gobernantes que «creen saber» lo que es mejor para la gente… Que este es el «único» camino.

Lo que es mejor para la gente (toda la gente), seguramente provendrá de una construcción colectiva, no de ideas románticas de jóvenes idealistas y de acciones de políticos berretineros, que no se dan cuenta, que no se puede actuar compulsivamente con la sociedad.

Los argentinos ya estamos un poco cansados de berretines, de gobernantes que «creen saber» lo que es mejor para la gente…

Los jóvenes idealistas son importantes y necesarios en su función de generar ideas y de cuestionar estructuras, son importantes en el ejercicio dialéctico; pero para ejercer cargos de gobierno, hace falta además un poco de madurez, experiencia de vida y de trabajo, un poco de perspectiva para analizar mejor la realidad.

Muchos de nosotros que no vemos con buenos ojos al sistema capitalista, su moral y las consecuencias, también vemos que en nuestro país y en el mundo, cualquier otra alternativa con ideas superadoras no adaptadas al contexto actual, a la larga terminan fracasando. No es bueno confundir populismo y demagogia con progresismo, así les ha ido a los políticos que lo hicieron, nunca se pudieron construir gobiernos sustentables a mediano y largo plazo. Al final lo único que se ha logrado, es la vuelta al poder de los sectores más reaccionarios y fascistas, que realimentan lo peor de la condición humana.

Estamos en el 2020 y todavía hay gente que viene bajando de la Sierra Maestra o que quiere tomar los palacios de invierno, no creo eso sea bueno para el futuro de nuestro país.

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