La Independencia troquelada

La Independencia troquelada

Oficialmente, hoy se celebra el Día de la Independencia. Sin embargo, previamente a aquel 9 de julio de 1816 hubo otras declaraciones independientistas que vale la pena recordar, más allá del nocivo centralismo porteño.

Por ALFREDO SAYUS*

Ya dijimos en otro artículo de Efemeridianas que si la historia la escriben los que ganan…

Para la historiografía oficial, hoy se cumple el 204° aniversario de la Declaración de la Independencia, ocurrida el 9 de julio de 1816 en la provincia de Tucumán. Esa historia oficial y su imprescindible aliada: la escuela, se encargaron de instalar, primero en las mentes infantiles y luego en el imaginario social, que desde aquella fecha las Provincias Unidas del Río de la Plata eran independientes, de España primero y, unos días más tarde, por presiones propias del entorno, “de toda dominación extranjera”.

Así se conmemoró durante años con festejos de todo tipo que incluían bailes de la época y otros, vestimentas al tono y comidas afines (léase locro, pastelitos, chocolate con leche, etc.). Sin embargo, esta era la tercera declaración de independencia que unas escindidas Provincias Unidas concretaban.

La primera fue el 20 de abril de 1814, cuando la provincia de Corrientes, a instancias de su nuevo teniente de gobernador, Juan Bautista Méndez, el Cabildo correntino declaró a esa provincia independiente de todo poder extranjero. Esta decisión fue sin perjuicio de que Corrientes integrara la Liga de los Pueblos Libres, inspirada por el caudillo oriental José Gervasio de Artigas.

En concordancia con las ideas de Artigas, la declaración de independencia correntina fue bajo el sistema federativo, en clara alusión al centralismo que proponía Buenos Aires y del que Artigas y todas las provincias del litoral estaban en contra. El 10 de septiembre de ese año, el Director Supremo de la Provincias Unidas, Gervasio Antonio de Posadas, reconoció por medio de un decreto la categoría de provincias a las jurisdicciones de Entre Ríos y Corrientes, aceptando de hecho la declaración de independencia de esta última. Aunque esto duró muy poco.

Un año y unos meses más tarde, el 29 de junio de 1815, Artigas promovía la declaración de la independencia de la Liga de los Pueblos Libres en un acto que se llevó a cabo en Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay en la provincia de Entre Ríos). La liga la integraban Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, Misiones, la provincia Oriental (sin Montevideo) y Corrientes que, aunque ya había hecho lo propio, suscribió a esta declaración propuesta por Artigas.

Obviamente, para Buenos Aires estas decisiones autónomas provinciales eran inadmisibles porque perjudicaban su centralismo político y su economía portuaria. Por ello decidieron aventurarse a una tercera declaración de independencia con una falsa cobertura federal. Esta cobertura se la daba el hecho de elegir a la provincia de Tucumán como sede para que sesionara el Congreso que declararía esa independencia. ¿Qué gesto más federal que decidir nuestra independencia en una región que distaba varios kilómetros de la capital unitaria? Es claro que las provincias que integraban la Liga de los Pueblos Libres no enviaron representantes a ese Congreso por entender que ya habían declarado su independencia.

Así, la independencia que pasó a la historia fue la declarada por los diputados de Buenos Aires, San Juan, Salta, Catamarca, Córdoba (en un juego un tanto ambiguo), Jujuy, La Rioja, Mendoza, Santiago del Estero, Tucumán y Mizque, Charcas y Chichas (actual Bolivia). Esta movida de Buenos Aires echó por tierra las aspiraciones artiguistas dado que, la unión de todas aquellas provincias, con su poderío político, económico y territorial superaba ampliamente las intenciones de la Liga de los Pueblos Libres.

Buenos Aires, bajo una supuesta pátina de federalismo, afianzó su centralismo y todas las provincias que adhirieron a la Independencia en Tucumán perdieron económica y políticamente frente a la capital (hasta el día de hoy). Obviamente, las que integraban la Liga de los Pueblos Libres también. Y, como la historia la escriben los que ganan y esta, como tantas otras, se escribió desde Buenos Aires, la Independencia es una sola y se declaró el 9 de julio de 1816.

De nada sirvieron las intenciones federalistas de los caudillos del litoral, ni el apoyo tácito de Posadas a Corrientes. Buenos Aires poseía el puerto más importante de las Provincias Unidas y ese puerto era la salida al Mundo (fue más la entrada, pero bueno). Los puertos de las provincias del litoral seguían subsumidos al poderío porteño y recién comenzarían a cobrar importancia con la llegada de Juan Manuel de Rosas y Justo José de Urquiza a la toma de decisiones en la flamante Confederación Argentina (pero esa es otra historia)

Lo cierto es que la gesta de mayo no fue lineal (tampoco otras gestas) y las pujas internas del desmembrado Virreinato del Río de la Plata fueron las constante en medio de las luchas independentistas. Estos tironeos también produjeron esa independencia troquelada que se fue dando por partes, donde todo el sur de la actual Argentina (desde el río Salado hasta Tierra del Fuego) no estaba incluido por pertenecer a los pueblos originarios.

La independencia de esos territorios vendría de la mano de la esclavitud impuesta por Roca y su mal nombrada “Conquista del Desierto” ¿Irónico, no? (pero esta también es otra historia). La realidad es que el troquel con que se formó nuestra independencia dejó bien en claro qué tipo de país querían los porteños y, sin duda, lo consiguieron. Entonces, haciendo honor a la verdad: ¡Feliz Día de la Independencia de una partecita de la Argentina! Cuando la historia dejen de escribirla los que ganan, festejaremos las tres.

*Alfredo Sayus es director de contenidos de Nueva Agencia de Noticias (NAN).

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