El poder primitivo del macho alfa

El poder primitivo del macho alfa

La comodidad de participar como ciudadano, solo emitiendo un voto en cada elección, suele ser fomentada por quienes quieren ejercer el poder de manera discrecional.

Por ESTANISLAO JUDICKAS

Los estudios de zoología y del comportamiento animal han acuñado el término “macho alfa”. Se refiere al líder de una manada o grupo de animales, respetado y obedecido por el resto y que al menos en el imaginario colectivo establece su dominio gracias al poderío físico. 

El precursor en usar esta denominación fue el etólogo Rudolf Schenkel, de la Universidad de Basilea (Suiza), en ‘Estudios acerca de la expresión de los lobos’ (1947), donde plantea que una manada de lobos se estructura bajo una estricta jerarquía social, dirigida por un “macho alfa” y una “hembra alfa”. Schenkel también señala que: «Los machos alfa se ganan su puesto luchando para demostrar su poder. Es un estatus que se adquiere gracias a la agresividad y fuerza física».

Los alfa no lo son por dirigir a los demás, sino porque tienen mayor libertad para elegir qué quieren y adónde quieren ir.

Por lo general, sólo las parejas alfa pueden reproducirse (otros animales de la manada pueden procrear, pero si no son alfas, carecen de los recursos necesarios para garantizar la subsistencia de las crías).

«Los machos alfa se ganan su puesto luchando para demostrar su poder. Es un estatus que se adquiere gracias a la agresividad y fuerza física».

Esta jerarquía afecta a todos en la manada, estableciendo quién come primero y quién puede fecundar a las hembras.

El orden del rango se conserva a través de peleas rituales. Una especie de “guerra psicológica”, pues los dominantes refuerzan su posición mediante posturas, gruñidos y despliegues de fuerza que no necesariamente desembocan en un combate real.

Otros zoólogos especialistas en comportamiento animal como Desmond Morris han relacionado el comportamiento de los primates con los humanos, basándose en la raíz común.

El especialista en primates Frans de Waal estudió el comportamiento de los chimpancés y las estrategias empleadas por los simios para ejercer el poder y mantener al grupo unido.

Sus trabajos aportaron una nueva mirada del comportamiento animal al establecer un paralelismo entre la conducta de los primates y la de los seres humanos en aspectos como la política, la empatía, la moralidad y la justicia.

En todos los casos se observó que el comportamiento animal fue distinto si se lo estudiaba en confinamiento o en su medio natural.

Siempre considerando conductas instintivas, se observó que en cautiverio el comportamiento era más agresivo y dominante que en el medio natural.

En su medio natural, además de la lucha por la reproducción, la alimentación y el lugar, se vio que muchas especies de mamíferos y dentro de ellos de primates, desarrollan el espíritu cooperativo, de protección y forman alianzas para mantener al grupo unido.

El paralelismo entre el comportamiento animal de los primates y los humanos se puede realizar en el plano instintivo, ya que como especie, los humanos tenemos una capacidad de raciocinio superior y este último aspecto no es comparable.

En su medio natural, se vio que muchas especies de mamíferos y dentro de ellos de primates, desarrollan el espíritu cooperativo, de protección y forman alianzas para mantener al grupo unido.

El desarrollo de disciplinas como la antropología, la sociología y la psicología, permitió tener un mejor panorama para analizar comportamientos instintivos de los humanos.

Entonces se ve como la sociedad humana progresa, arrastrando instintos primitivos muy parecidos a los que se observan en los primates menos evolucionados, expresando de ellos lo peor, dadas las características culturales propias de desarrollo y evolución.

Parece ser que nuestro cerebro no ha evolucionado tan rápido en aspectos sociales. Se han mantenido comportamientos instintivos que no acompañan el crecimiento demográfico y técnico adecuadamente.

Y hay varias observaciones que podemos hacer al respecto.

Las demostraciones de fuerza y poderío de los países a través de la estructura militar, las competencias en los deportes, las formas de gobierno, nos muestran la vigencia del macho alfa primitivo, muchas veces mostrando el lado más cruel y autoritario.

Parece ser que nuestro cerebro no ha evolucionado tan rápido en aspectos sociales. Se han mantenido comportamientos instintivos que no acompañan el crecimiento demográfico y técnico adecuadamente.

Todavía a nivel de relaciones cotidianas, se habla de “¿acá quién manda?», se dan ordenes, se ostenta, se exhibe, se grita, se contestan agresiones con más agresiones…

Se observa, sobre todo en los deportes, como los individuos fingen estar bien para no mostrar debilidad al oponente o cómo lograr la supremacía a cualquier precio.

La mayoría de las instituciones y organizaciones tienen una estructura vertical de mando. La formación de liderazgos es principalmente a nivel individual. Estos son rasgos bastante primitivos, en el contexto planteado.

Me parece que si queremos darle una característica más humana a la organización de nuestra sociedad, habría que pensar en los liderazgos colectivos y dejar de lado las conducciones personalistas propias de los machos alfa.

La formación de liderazgos es principalmente a nivel individual. Estos son rasgos bastante primitivos, en el contexto planteado.

Enorme riesgo social de dejar en manos de una persona la toma de decisiones que pueden influir en millones de personas. Se ve como los privilegios, la corrupción, el autoritarismo y la demagogia, tienen en este tipo de conducción, un caldo de cultivo muy propicio.

Imaginemos un líder macho alfa, capacitado, con visión, que impulsa el progreso, que fomenta alianzas, que protege al grupo, expresando lo mejor de la condición primitiva. Aún así el liderazgo individual es riesgoso. Pensemos que estos liderazgos dominantes se dan, en la naturaleza, en grupos con una cantidad relativamente pequeña de individuos, trasladado esto a grupos humanos de miles o millones de personas aparecen vicios y deformaciones que han demostrado a lo largo de la historia las consecuencias negativas, del efecto manada obediente. Esto sería lo opuesto a lograr ciudadanos con pensamiento crítico e independiente.

La estructura jerárquica piramidal de liderazgos individuales está más preparada para mandar y obedecer, lo suyo no es la búsqueda de consensos. Por una necesidad, es propia de fuerzas militares y de seguridad.

Distinto es el conjunto de una sociedad donde habría que sustituir la palabra mandar por dirigir. Los dirigentes que trabajan en equipo con individuos de distintas características saben extraer lo mejor de cada uno, para logros comunes.

Se supone que los humanos tenemos valores para formar parte de una organización social más horizontal y no ser solo parte de un rebaño.

Los dirigentes que trabajan en equipo con individuos de distintas características saben extraer lo mejor de cada uno, para logros comunes.

Los liderazgos colectivos son más sustentables y representativos, ya que si se ausenta algún integrante, la conducción no se resiente. Al ser un liderazgo compuesto por varias personas habrá distintas voces y miradas, para la toma de decisiones. Se podrían salvar también los caprichos, las incapacidades y la impericia de líderes individuales.

Los sistemas parlamentarios de gobierno han demostrado ser un mejor reflejo de la sociedad y más eficientes en el mantenimiento de políticas de Estado, en contraste con los sistemas presidencialistas.

Pero para lograr estos liderazgos colectivos y construcciones sociales más representativas se deberá trabajar bastante, para superar los instintos primitivos y lograr expresar lo mejor de la condición humana.

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