El lenguaje excluyente

El lenguaje excluyente
Foto EL PAÍS

El autor de la presente columna se mete en la polémica alrededor del uso del llamado lenguaje inclusivo, que viene recibiendo tantas adhesiones como rechazos.

Por ESTANISLAO JUDICKAS

Un verdadero despropósito en el uso del lenguaje está sucediendo, impulsado por grupos de personas ignorantes y mediocres que, actuando compulsivamente, pretenden imponer a los demás, formas grotescas e incoherentes de comunicación.

Indudablemente la adquisición del habla es una de las características de la especie humana y las distintas lenguas y dialectos que se han desarrollado por el mundo tuvieron su origen en la oralidad, para después dar paso a el lenguaje de símbolos y escrituras.

Este proceso de construcción estuvo acompañado por las particularidades de cada cultura y se realizó de forma colectiva más allá de las diferencias de género y no hay antecedentes sobre personas oprimidas por el uso de la lengua.

Sin embargo, con la evolución de la civilización, se establecieron preceptos sociales, costumbres y conductas, que impusieron una dominación del género masculino sobre el femenino; sobre todo basadas en la mayor fuerza física y en el ejercicio del poder. Todo un resabio de nuestros instintos primitivos como especie, que parece, recién estamos comenzando a superar.

Por otra parte, el hombre y la mujer siempre serán distintos desde el punto biológico y social, y no son opuestos sino complementarios.

Creer que la lengua oral y escrita (todos los idiomas y dialectos) genera opresión y sometimiento de un género sobre otro, es creer que la lengua es determinista, es decir que la forma de hablar y escribir determina conductas y costumbres que llevan al sometimiento de un sexo sobre el otro. Pero una cosa son las “creencias” y otra las evidencias. Y no hay evidencias que esto sea así.

La pretensión de los movimientos feministas de que las lenguas promueven la superioridad masculina, no tiene fundamentos y en el caso particular de la lengua castellana, dentro de su estructura, están las herramientas para diferenciar adecuadamente los géneros. Pero claro, para eso hay que estudiar, hay que formarse, lo cual lleva trabajo y dedicación. Justamente dos cosas que escasean en nuestra sociedad y que no parecen ser promovidas por el gobierno.

El desarrollo humano, llevó a que los conocimientos de fenómenos naturales y sociales fueran documentados y que se construyera a lo largo de los años el enorme edificio de la ciencia. En esta construcción participaron hombres y mujeres de las más variadas culturas. Es así que las ciencias naturales y sociales, representan hoy, prácticamente todo lo que se conoce sobre la humanidad y el universo. Y aún más, este enorme edificio de la ciencia, generó métodos que le permiten validarse o refutarse a sí misma.

El desarrollo de la escritura permitió, además de expresar en símbolos a la oralidad, organizar a las distintas lenguas dentro del área de las ciencias sociales, lo cual mejoró la comunicación, la sustentabilidad, la transmisibilidad y la natural evolución por usos y costumbres.

El hecho de que las lenguas formen parte de los sistemas educativos, tiene que ver con que son parte de las ciencias sociales, lo cual permite la enseñanza interétnica e intergeneracional, además de la enseñanza dentro la de propia cultura. Si no hubiera un orden, una organización o un método, realmente a lo largo del tiempo, se generaría un caos en las comunicaciones y en el aprendizaje.

El lenguaje castellano es muy rico y diverso y es y ha sido cuna de grandes obras literarias. No es un lenguaje de los llamados “económicos” como el inglés, sino que tiene una gran riqueza de expresiones.

Dentro de esta somera descripción, no encajan de ninguna manera estos movimientos seudo progresistas, irresponsables y sectarios, que pretenden imponer, obligar y adoctrinar a muchas personas con el llamado lenguaje “inclusivo”, que en realidad se debería llamar seudo inclusivo, ya que no resiste ningún análisis coherente desde las ciencias del lenguaje.

Estos grupos intelectualoides actúan en forma compulsiva, mostrando una manera de hablar y escribir incoherente y excluyente, ya que no integra ni complementa, sino que divide y opone. Paralelamente y en una suerte de progresismo ad hoc, dicen defender la diversidad de ideas, cayendo en la misma posición autoritaria que buscan superar.

El accionar temerario de estas personas limitadas, se ve claramente, cuando utilizan instituciones docentes o instituciones de gobierno o los medios de comunicación, para tratar de imponer sus ideas.

Estos estilos supuestamente inclusivos no solo no contribuyen a un lenguaje no sexista, sino que confunden y degeneran el lenguaje. También proponen una rivalidad y no contribuyen a un encuentro social más integrado.

Evidentemente hay en estos grupos una intencionalidad y una ideología subyacente. Es una posición sociopolítica propia de un sector minoritario de la sociedad.

Tanto la Academia Argentina de Letras como la Academia Nacional de Educación han expresado su rechazo a esta pretensión de alterar la lengua de manera arbitraria, tratando de contextualizar el lenguaje en una supuesta guerra entre los sexos.

Estas instituciones académicas señalan que el género no marcado abarca explícitamente a los individuos de uno y otro sexo sin desprecio de nadie.

Algunas publicaciones como las Recomendaciones para el uso del lenguaje inclusivo del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), si bien rechazan el uso de la “e”; de la @; de la “x” y de la barra inclinada; al final pasan de recomendar un lenguaje no sexista, a recomendar un lenguaje bien sexista, pero femenino… la verdad lamentable.

No se entiende tampoco por qué hay que feminizar un sustantivo que ya es neutro en castellano, por ejemplo concejal, albañil, estudiante; o palabras que terminan en “e” como bonaerense, adolescente, paciente y otras.

Decir trabajadores incluye a los dos géneros, se puede decir trabajadoras; pero entonces con el mismo criterio podríamos decir trabajadoros.

Sería interesante que las personas que se sienten oprimidas por el uso de la letra “o” en las palabras nos digan como deberíamos pronunciar las palabras invierno, infierno, gobierno o materno… por ejemplo.

Otro despropósito es el desdoblamiento exagerado y redundante de los géneros lo cual alarga y complica la lectura de los textos, innecesariamente. Ejemplos: presidente o presidenta; vicepresidente o vicepresidenta; magistrados o magistradas; procurador o procuradora; ministros o ministras…

En la escritura, la coherencia de los textos se funda entre otras cosas, en la economía del lenguaje y en la no repetición exagerada de palabras parecidas.

También se podría objetar, si uno quisiera, que el lenguaje castellano es matriarcal e intenta imponer el dominio de la mujer sobre el hombre, debido a las siguientes palabras: las personas; la humanidad; las vacas; la gente; las plantas; la civilización; la palabra; la lengua; la escuela; la policía; la Madre Patria; la masa madre; la madre naturaleza; el matrimonio, planeta tierra, etc., etc.

Lamentablemente mucha gente reduccionista del lenguaje, no se da cuenta que la mutilación y deformación de la estructura de la lengua en forma compulsiva, contribuye a recortar el pensamiento… En este sentido bien vale leer la novela del escritor británico George Orwell llamada ‘1984’; donde expone muy bien los efectos indeseables de formatear a una sociedad con un neolenguaje creado por un ficticio “Ministerio de la Verdad”.

Por otra parte, el accionar de estos grupos irregulares, está claramente marcado por su desconocimiento respecto al origen, por ejemplo del lenguaje castellano. Nuestra lengua viene del latín y muchos estudios comprueban que las formas masculinas, de ninguna manera predominan por una discriminación hacia la mujer, sino por una evolución natural del lenguaje que hizo que se unieran los géneros masculino y neutro (o género no marcado).

La fonética, la fonología como parte de la expresión oral deben tenerse en cuenta en la oralidad de una lengua; al igual que la morfología, la sintaxis, la semántica y la ortografía; como elementos de la lengua escrita.

La lengua es dinámica, evoluciona a partir de usos y costumbres por la necesidad de comunicación de sus hablantes, pero no por imposición de personas fundamentalistas, que lamentablemente tienen representantes en el gobierno y que están dando muestras de una ignorancia e incapacidad para ejercer los cargos, para los que fueron elegidos.

En un país con la educación en retroceso en varias áreas, las últimas pruebas PISA (Programa Internacional para Evaluación de Estudiantes), por sus siglas en inglés; muestran que más de la mitad de los alumnos de 15 años, no comprenden lo que leen. Así y todo, tenemos funcionarios políticos que, en vez de ser eficientes en su gestión, se dedican a confundir a los que necesitan aprender, con estas alteraciones groseras del idioma.

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