Cómo recordar a Alfonsina en un nuevo aniversario de su muerte

Cómo recordar a Alfonsina en un nuevo aniversario de su muerte

En 1938 aparecían ‘Mascarilla y trébol’ y una ‘Antología poética’ con sus poemas preferidos, pero el 25 de octubre de ese mismo año Alfonsina Storni decidía fundirse con el mar.

El 16 de octubre se había encontrado en Tigre con la también poeta Abella Caprile, a quien le comentó que su poema ‘Romancillo cantable’, publicado recientemente en el diario La Nación, podía ser el último… La neurastenia la hacía pensar en suicidarse, le dijo a su amiga.

Dos días más tarde partió rumbo a Mar del Plata desde la estación Constitución, adonde llegó acompañada por su hijo Alejandro, de 26 años,​ y por Lidia Oriolo de Pizzigatti, dueña del hotel donde se alojaba frecuentemente. Cuando el tren partió le pidió a Alejandro que le escribiese, que lo iba a necesitar.

Alfonsina le escribió dos cartas de contenido ambiguo a su hijo, en las que parecía que luchaba contra la decisión de terminar con su vida. El jueves 20 escribió todo el día; al día siguiente un dolor en el brazo le impidió continuar con su tarea, pero se esforzó y el sábado despachó una carta en el buzón: contenía ‘Voy a dormir’, su último poema:

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme puestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste,
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes,
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides. Gracias… Ah, un encargo,
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

En un nuevo aniversario de la decisión de Alfonsina de arrojarse a las aguas desde una escollera o, como prefiere la versión más romántica, desde que decidiera ingresar al mar caminando cadenciosa y decididamente, vale la pena recordarla con el documental ‘Alfonsina’ (2013), disponible en CineAr, o en el siguiente clásico homónimo de 1957, dirigido por Kurt Land y protagonizado por Amelia Bence:

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