Análisis & Opinión

Chile o el ajuste perpetuo

Por GUSTAVO H. MAYARES

El viernes, millones de chilenos se movilizan en todas las ciudades del país para manifestar su rechazo explícito a las políticas agudizadas por el gobierno de Sebastián Piñera pero en vigencia desde hace décadas.

No fueron pocas las ocasiones –hasta hace horas– en las que Mauricio Macri puso a Chile como “ejemplo” de lo que hay que hacer en América Latina y, en particular, en nuestro país. Según la óptica del Presidente, se trata de un país “moderno” y “estable”.

El país trasandino, sin embargo, es un ejemplo de ajuste perpetuo ejecutado desde 1973 en adelante: la educación es privada, el sistema previsional es privado (AFP), con jubilaciones y pensiones míseras, la salud es mixta con serias deficiencias en la gestión pública, etc.

Como contraparte, la minoría dominante se ha enriquecido y sigue haciéndolo a costa de las condiciones de vida de la población trabajadora. Lo confesó la propia esposa del presidente, Cecilia Morel, a través de un audio que reconoció como propio: “Tendremos que reducir nuestros privilegios y compartir con los demás…”

Privilegios de una elite que califica al pueblo movilizado como “invasión alienígena”, según palabras textuales de la primera dama chilena.

De hecho, el período democrático que siguió a la dictadura encabezada por Augusto Pinochet ni siquiera se inició con una ruptura con ese sangriento periodo sino, más bien, como su continuidad institucional solo alterada por el plebiscito de 1988.

Los aberrantes crímenes cometidos durante el pinochetismo no fueron juzgados ni execrados sino tibiamente. Y, sobre todo, se mantuvo intacto el modelo económico y social que en 1990 heredó Patricio Aylwin y continuaron sosteniendo quienes lo sucedieron.

Este es el marco general en el que se producen las grandes manifestaciones de descontento popular que por estas horas vive Chile, con huelgas generales decretadas por los principales sindicatos –con excepción de los mineros.

No se trata, pues, solamente del aumento del pasaje en el subte sino de tensiones contenidas durante décadas, seculares, que solo estallaron con el movimiento estudiantil reclamando por el derecho a la educación, hacia 2006 y 2011, y que hoy vuelve a ser protagonista y hasta locomotora de la gesta popular que sacude los Andes.

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