EL ANDINO

Noticias Diarias de Junín y San Martín de los Andes, Neuquén y la Región Andino Patagónica

Avistamiento de Ciervos

Un imperdible para los amantes de la fotografía: el avistamiento de ciervos. Se trata de una práctica que combina aventura, buena vista y oído y cierto grado de concentración; además de una cámara regularmente buena, si se quieren obtener buenas tomas o al menos de esas que provocan gran satisfacción en el fotógrafo aficionado.

Sucede que los ciervos no se dejan ver fácilmente y hay que distinguirlos entre los cerros, árboles y arbustos a la vera de la Ruta 40 o las provinciales 23 o 61, a pocos kilómetros de Junín de los Andes; y no aproximarse demasiado so pena de que se espanten. Porque se trata de lograr el mejor avistamiento sin intervenir en los procesos de la naturaleza…

Pero existe una época del año en la que la cosa se facilita relativamente, al tiempo que el observador siente más la adrenalina por alcanzar la visión casi perfecta: hacia marzo-abril, cuando termina el verano y aparecen los primeros rigores del otoño patagónico, los ciervos colorados suelen bajar con sus manadas, por lo general un macho con varias hembras y tal vez decenas de cervatillos que aún maman.

En esa época de celo –la brama, que le llaman– y preferiblemente desde poco antes del atardecer, se avanza lentamente por la ruta, intentando hacer el menor ruido posible y aguzando la vista con la cámara o los binoculares listos, auscultando las sombras que comienzan a configurarse entre los cerros y casi reteniendo la respiración…

Y de pronto, ahí están: usualmente se los descubre al notar la silueta entre marrón y colorada y por su majestuosa cornamenta, cuando rondan las cercanías del camino; o más asiduamente por su bramido, con la que convoca a las hembras de los alrededores al tiempo que busca combate con otros machos que eventualmente haya en su zona.

Ahí está la ‘presa’ y el premio a la paciencia suele ser una foto nítida o un vídeo del macho dominante y de la manada que pasta al pie de los cerros, para lo cual conviene tener buen pulso para el uso del teleobjetivo o llevar el trípode adecuado.

Introducido en la Argentina a principios del siglo XX desde el hemisferio Norte, de donde es originario, decenas de ejemplares del ciervo colorado fueron soltados en Collón Curá entre 1917 y 1922; la población se adaptó rápidamente y proliferó, repartiéndose desde entonces en los bosques andino-patagónicos.

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