A 65 años del bombardeo a la Plaza de Mayo: la conspiración que empezó en Bella Vista

A 65 años del bombardeo a la Plaza de Mayo: la conspiración que empezó en Bella Vista

La historia demostró que las quintas de Bella Vista (provincia de Buenos Aires) han sido parte de decisiones históricas en el país. En una de ellas se pergeñó el intento de matar a Perón en junio de 1955. Treinta y dos años después, también en un country de Bella Vista, ‘Los Fresnos’, se refugiaba Aldo Rico tras el levantamiento carapintada de Semana Santa de 1987.

Por ALFREDO SAYUS

Hoy se conmemoran 65 años del criminal bombardeo a la Plaza de Mayo, llevado a cabo el jueves 16 de junio de 1955 por parte de la aviación naval con el objetivo de matar a Perón y tomar el gobierno, dejando el luctuoso saldo de 364 muertos y más de 800 heridos.

El bombardeo de la aviación naval con el objetivo de matar a Perón y tomar el gobierno, dejó el luctuoso saldo de 364 muertos y más de 800 heridos.

Aunque el hecho pasó a la historia como el bombardeo a la Plaza de Mayo, en realidad los 22 aviones North American AT6, los 5 Beechcraft AT11, los 4 Gloster Meteor y los 3 anfibios Catalina C-47, también arrojaron sus bombas sobre la Casa Rosada; las avenidas Paseo Colón y De Mayo; el Congreso Nacional; la, por entonces, residencia presidencial (actual sede de la Biblioteca Nacional); el hotel Mayo y las adyacencias de todos esos lugares.

Las causas y consecuencias de este triste y criminal episodio de la historia argentina fueron analizadas y publicadas en numerosos libros y notas periodísticas, por lo que no vamos a mencionarlas aquí. Sin embargo, hay un hecho dentro de esta trama golpista no registrado o muy poco desarrollado en esas investigaciones: las reuniones conspirativas se venían realizando desde 6 meses antes al bombardeo en una quinta de la ciudad de Bella Vista, por entonces partido de General Sarmiento (hoy San Miguel) en el Conurbano Bonaerense.

Raúl y Paquito

La quinta en la que se reunían los marinos que venían organizando el golpe de Estado, pertenecía a Raúl Lamuraglia, empresario textil, avícola y agrícola-ganadero. Era presidente de la Unión Industrial Argentina cuando Perón llegó por primera vez al poder. Desde allí desplegó una intensa actividad opositora y luego integró las filas civiles de la autodenominada Revolución Libertadora, siendo designado presidente del Banco Industrial de la República Argentina y, más tarde, director del Banco Central. Fue miembro del Jockey Club y del Yatch Club Argentino y, también, integrante de la entidad económica europea Mont Palerin.

La quinta en la que se reunían los marinos que venían organizando el golpe de Estado, pertenecía a Raúl Lamuraglia, empresario textil, avícola y agrícola-ganadero.

Lamuraglia había nacido en 1905 y murió en 1984. Según una nota necrológica aparecida por esa fecha en el diario La Prensa, fue “… uno de los inspiradores del movimiento del 16 de junio de 1955 y tuvo una permanente actitud de lucha y resistencia, por lo que llegó a gozar de la confianza y profunda simpatía de los que, como él, repudiaban las prácticas totalitarias…”, todo un comentario del diario confiscado por Perón y, luego del golpe del 55, reintegrado por el gobierno militar a la familia Gainza Paz.

En aquella quinta de Bella Vista el, en aquella época, capitán de fragata Francisco ‘Paco’ Manrique se encargaba de reclutar marinos contrarios a la administración peronista para armar la estrategia del bombardeo. Manrique, tras el golpe de Estado de septiembre de 1955 sería edecán del Presidente de facto, general Eduardo Lonardi, y luego jefe de la Casa Militar con el sucesor de Lonardi, general Pedro Eugenio Aramburu, teniendo una participación activa en los fusilamientos tras el levantamiento antigolpista del general Juan José Valle en junio del 56.

En 1962 Manrique apoyó el golpe de Estado que terminó con el gobierno de Arturo Frondizi y, apenas iniciados los años 70, bajo la prolongación de la dictadura que derrocó a Illia, fue ministro de Bienestar Social por pocos meses durante la presidencia de facto del general Roberto Marcelo Levingston y luego volvería a ese cargo cuando otro general, Alejandro Agustín Lanusse, desplazara a Levingston en el marco de una interna militar.

También por aquellos años, reciclándose ante el inminente retorno de la democracia, creó en 1973 la Alianza Popular Federalista con la que obtendría el tercer lugar en las elecciones presidenciales del 11 de marzo y del 23 de septiembre del 73, en las que triunfaron Cámpora y Perón, respectivamente. ‘Paco’ apoyaría más tarde el golpe de Estado de 1976 y, nuevamente en democracia, sería candidato en todas las elecciones que se realizaron ya sin tanto plafón como en las del 73. Manrique falleció en 1988.

La bucólica Ciudad del Árbol

Juan Volonté era el intendente de General Sarmiento cuando ocurrió el bombardeo (distrito peronista en todo su historial democrático, no así en dictaduras). Ni Volonté, ni sus funcionarios más cercanos, ni el jefe comunal al que había reemplazado y que fuera recordado como uno de los mejores intendentes del distrito: Fernando Arricau, habrían estado al tanto de la conspiración bellavistense.

Ni Volonté, ni Arricau eran bien vistos en la Bella Vista de alto poder económico. Obvio, eran peronistas.

Y ese desconocimiento se daba porque Bella Vista siempre compartió dos realidades antagónicas bien marcadas por su disímil geografía: por un lado, ofrece un amplio sector de quintas y calles arboladas que invitan al paseo primaveral en una zona de alto poder adquisitivo (luego se sumarían los country), por lo que fue declarada como la Ciudad del Árbol, y por el otro, una superficie aún mayor, con barriadas populares donde se concentran las inundaciones, la pobreza, la falta de servicios esenciales, la paupérrima calidad de vida y la marginación. Ni Volonté, ni Arricau eran bien vistos en la Bella Vista de alto poder económico. Obvio, eran peronistas.

Quizás el hecho de que la guarnición militar más grande del país, Campo de Mayo (ahora Guarnición Militar Buenos Aires), limite con San Miguel, permitió que se extendiera la noción de pertenencia castrense hacia lugares menos rígidos que los que imperan en los cuarteles. Por eso no es extraño que en todos los movimientos militares producidos en el país, el viejo distrito de General Sarmiento, luego San Miguel y, por ende, la Bella Vista rica sirviese de reducto conspirativo y golpista con el aporte civil de muchos de sus habitantes en los gobiernos de facto.

La deuda histórica

Como recuerdo personal del bombardeo del 16 de junio de 1955 (no había nacido aun) tengo el relato de un tío, hermano de mi madre, que trabajaba en aquel entonces en la Asistencia Pública (una especie de SAME de los 50) que contaba cómo ese día se la pasaron trasladando a distintos hospitales cientos de muertos y heridos desde Plaza de Mayo y varias calles periféricas.

Esa historia la escuchaba siendo niño y me producía una sensación extraña. Parecía que el tío Carlos nos contaba una película sobre la Segunda Guerra Mundial o sobre la Guerra Civil Española. Pero no, había ocurrido en Buenos Aires, en un tiempo no tan lejano en el que él y mi madre y mi padre habían sido testigos del conmocionante suceso.

Mi tío contaba cómo ese día se la pasaron trasladando a distintos hospitales cientos de muertos y heridos desde Plaza de Mayo y varias calles periféricas.

Se dijo más arriba que varios libros y artículos periodísticos reflejaron el bombardeo del 16 de junio de 1955, pero aun así la Historia tiene una deuda con aquel episodio: mantener en la memoria popular quiénes fueron aquellos 364 muertos. Hombres, mujeres y niños con proyectos, sueños, una vida por vivir que la irracionalidad de quienes perpetraron el bombardeo, dejó truncas. Del mismo modo es necesario que se exhiban los nombres y los rostros de esos pilotos y de todos los conspiradores, para no olvidar a los asesinos.

Esa deuda, la Historia debe saldarla más temprano que tarde.

DEJANOS TU COMENTARIO