25 de Mayo de 1810: golpe institucional

25 de Mayo de 1810: golpe institucional

Más acá del bronce, más acá del ‘relato’ triunfante de los Mitre y los Sarmiento que nos enseñaron en la escuela, existe una realidad que hace más terrenal y humana la historia que vivimos y sufrimos los argentinos.

Por ALFREDO SAYUS

Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, solía cantar Lito Nebbia. Y nuestra Historia fue escrita en sus comienzos por el ‘Padre del Relato’: Bartolomé Mitre. Se trató, obviamente, de una historia de ganadores. Había que “crear la Patria” y una Patria se crea con ganadores, con sucesos victoriosos, con héroes, con hombres probos y mujeres amas de casa (salvo alguna que otra osada).

La historia mitrista se transmitió de generación en generación en uno de los ámbitos creado por otro ‘Padre del Relato’: Sarmiento y sus escuelas. Y primó el bronce. Patriotas de acero que los niños sólo veían en un pedestal y siempre en posición avasallante (la de las estatuas, no la de los niños, claro).

Y así llegó el 25 de Mayo. Una “gesta” que se resolvió en una semana. La famosa “Semana de Mayo”, donde luego de seis días agobiantes, cargados de tensión, con situaciones casi de espionaje y hombres (y alguna mujer) valerosos, ponían fin al “dominio español” en el Río de la Plata y formaban el “Primer Gobierno Patrio” (ahora pongámonos todos de pie que debemos entonar el Himno Nacional).

Con el paso de los años surgieron otros historiadores y, por supuesto, también otra visión de la Historia. Sin embargo, por algún motivo que tal vez tenga que ver con la anquilosada currícula escolar, el 25 de Mayo de 1810 sigue siendo un hecho épico en la Historia Nacional. Patriotas elegantemente vestidos a la usanza de la clase social de alto nivel económico de la época, con un discurso de palabras elegidas al detalle (nada de puteadas), sin participación del pueblo. En definitiva, como toda revolución que se precie de tal, organizada, pensada, puesta en marcha por la burguesía y luego convocando al pueblo a la hora del tiroteo. Así, según el relato histórico oficial, en una semana se terminó con 300 años de dominio español.

Vayamos dejando lo bucólico para el acto escolar con el negrito farolero y la vendedora de pastelitos. El 25 de Mayo de 1810 fue claramente un golpe institucional, donde un sector de la burguesía criolla se empoderó y descabezó el gobierno del representante del Rey de España en el Virreinato del Río de la Plata.

Queda más que claro que no se resolvió en una semana. Este movimiento tenía meses de preparación y tuvo varias chispas de encendido: en el Río de la Plata, las invasiones inglesas de 1806 y 1807. En Europa, la invasión napoleónica a España en 1808. En el resto de América Latina, la independencia de Haití en 1804 y la revolución en Chuquisaca (Bolivia) y la de Ecuador, ambas en 1809.

Con estos antecedentes y con una burguesía criolla ahogada por el monopolio comercial de la Península Ibérica, no quedaba otro camino que la revuelta para sacar del gobierno y del poder al Virrey, si bien, en un primer momento, la escisión definitiva de España no estaba muy clara entre los burgueses golpistas (léase “Patriotas Revolucionarios”). En concreto, de lo que fue el comienzo de una independencia que nunca lo fue del todo, ya pasaron 210 años y todavía seguimos viendo en las escuelas y en nuestra imaginación las figuras que inmortalizó Billiken de un grupo de hombres atildados haciendo la revolución en un salón del Cabildo. Menuda revuelta, sin pueblo y vestidos de gala.

Pero no es tiempo de quitarles mérito a la muchachada de la “Semana de Mayo”. Su movida también fue una chispa que permitió otros cambios, que generó otras luchas, que mostró otras realidades y que definió culturas bien distintas, antes homogeneizadas a la fuerza por el Virreinato (desde lo territorial, lo político y lo económico).

Si bien la ‘Patria’ estaba lejos de ser Patria, el movimiento que tuvo su corolario el 25 de Mayo fue la puerta de entrada a un derrotero latinoamericano que hoy nos encuentra, pandemia y cuarentena mediantes, en las antípodas de lo que sería una auténtica independencia. Porque, como bien supo escribir el centralista Mariano Moreno y también integrante de la revuelta maya: “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo en febril servidumbre será, tal vez, nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía”.

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