Por SOLANGE RIAL

Según cálculos realizados por el Banco Central de la República Argentina, desde finales de 2018 las familias argentinas arrastran deudas equivalentes a 3,2 salarios mensuales. De ese monto, 2,4 partes corresponden a financiamientos con tarjeta de créditos y 0,7 a la toma de préstamos hipotecarios y prendarios.

Según el último Informe de Estabilidad Financiera, el endeudamiento de los hogares pasó en diciembre de 2018 a representar la cuarta parte, con el 25,7% de todos sus ingresos anuales, cuando hasta junio de 2016 era el 20,1%.

Además el mayor nivel de endeudamiento aparece en el 10% que menos gana. En este sector de la población el dinero prestado corresponde a un 46,7% de sus ingresos anuales. Dos años y medio antes representaba el 33,9%.

La tasa de morosidad de las familias lleva tres años y medio de crecimiento sostenido y acaba de trepar al nivel más alto desde noviembre de 2009.

En el análisis del BCRA, también se destaca que el 20% de la población que menos gana contrajo este tipo de deudas: el 12% estaba en mora grave por préstamos personales, el 7% por créditos contraídos con tarjetas bancarias, y casi el 20% por compras con plásticos no bancarios.

Las familias argentinas de menos recursos se están endeudando para pagar gastos corrientes debido a la enorme contracción del poder adquisitivo. Usan la tarjeta de crédito y los préstamos personales con altísimas tasas de interés para poder costear consumo de supermercado y pago de servicios e impuestos.

En 2015 los préstamos para consumo estaba en situación “irregular” que implica atrasos graves, de al menos 90 días, solo el 2,1%. En 2018 esta mora superaba ya el 4%, y desde mayo del 2019 alcanzó el 5,5%. Es el nivel de dificultad para pagar las deudas más alto en 14 años.

Cabe remarcar que estos son los casos extremos, hay familias que deben pero que aún no están tantos meses atrasados o se han volcado a los planes de refinanciamiento de deuda que ya están al 300% de interés anual. Lo que se les volverá una bola de deuda muy difícil de afrontar.

La radiografía se completa con un panorama desolador. Según datos oficiales, la inflación interanual en agosto fue del 54,5 por ciento. Es el dato más alto desde 1991. La desocupación alcanzó el 10,6% en el segundo trimestre de 2019. Los recientes datos difundidos hablan de un empobrecimiento de la población del 35%.

Según un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda, sólo en el último año se perdieron 148.000 puestos de trabajo. Además estamos con la tasa de creación de empleo registrado más baja desde 2002. Simultáneamente, el poder adquisitivo del salario mínimo cayó un 36% desde mediados de 2015 a la fecha.

Para las familias más vulnerables las políticas macristas fueron un verdadero huracán que, lisa y llanamente, arrasó contra su capacidad de supervivencia.