Por NATALIA WAGNER

Creo que existen dos posibilidades para que un género como la novela pueda ser declarado extinto: que nadie lo publique, como consecuencia de lo cual nadie lo leerá, o que nadie lo lea, trayendo como resultado que no se publique, teniendo bien presente la lógica del mercado al que ni siquiera la literatura puede escapar.

Una tercera es que nadie escriba novelas, dado lo cual nadie podría publicarlas ni leerlas, obviamente; pero sobre esta alternativa tengo más dudas que nadie, pues la historias de largo aliento seguirán escribiéndose –publíquense o no, léanse o no– mientras el ser humano persista en sondear filosófica y/o ficcionalmente sobre las pulsiones de la vida y de la muerte.

Estas posibilidades vienen a cuento de lo dicho por el periodista y escritor inglés William Self, quien se lamentó al ver “desangrarse mortalmente” a la novela como género:

La novela literaria como obra de arte y el arte de narrar como pieza central de nuestra cultura se está muriendo delante de nuestros ojos.

Todo el siglo XX y ahora, gracias a Self, también el XXI, están cruzados por la idea vaga de la muerte de la novela y, por qué no, del libro como soporte de la misma y de otras historias de largo o corto aliento.

Véase, si no, lo afirmado por Julio Verne en los albores de la era contemporánea, allá por 1902:

Las novelas serán suplantadas por los diarios… Los escritores de prensa han aprendido a colorear los acontecimientos cotidianos tan bien que su lectura entregará a la posteridad una imagen más veraz y vívida que la de la novela histórica o descriptiva.

Sin embargo, como nunca antes se publican y como nunca antes se leen. Podrá discutirse sobre el ‘valor literario’ de infinidad de best seller al estilo ‘Las 50 sombras de Grey‘ y sus secuelas o de los mamotretos de Dan Brown, por poner sólo dos ejemplos que poblaron y pueblan las listas de más vendidos de diarios y revistas; pero esta es, ni menos, una cuestión subjetiva que jamás saldaremos.

Los números, por el contrario, son incontrastables.

Un informe del Observatorio de la Lectura y el Libro de España advierte sobre la caída de la venta y publicación de libros, pero también se desprende de él que los libros de bolsillo sostienen un mercado deprimido por una crisis general de la economía, exógena a la industria editorial; y también se llama la atención sobre la emergencia del libro electrónico como nuevo soporte, con un mercado acotado aunque creciente.

En ese marco, se destaca el “especial protagonismo de la Novela”:

La mayor parte de la facturación obtenida por libros de bolsillo se corresponde con libros de Literatura —87,7% del total—, con especial protagonismo de la Novela que, con una facturación de 156,8 millones de euros, representa el 84,7% del total facturado en este formato. La novela contemporánea es la que acapara mayor cuota de mercado (73,8%), seguida por la novela romántica (18,2%). Tras los libros literarios se sitúan, a mucha distancia, los de divulgación general, los libros prácticos y los de Ciencias Sociales y Humanidades. (pág. 40)

Por el lado de México y Argentina, que concentran casi el 35 por ciento del total de títulos registrados en las agencias del ISBN de América Latina y un porcentaje mucho mayor si quitamos a Brasil (que tiene el 40 por ciento) y consideramos sólo los hispanohablantes, la publicación de libros va en leve aumento o, en el peor de los casos, está estable, según el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), que también advierte sobre una significativa suba en la porción de mercado que ocupan los ebooks.

Del total de publicaciones, entre el 26 y el 29 por ciento –de acuerdo al país– corresponde al rubro Literatura y alrededor del 70 por ciento de los títulos al género Novela, sea de autores locales o de traducciones, especialmente provenientes del mundo anglosajón, aunque –últimamente– con una fuerte impronta de literatura japonesa y de Oriente en general.

Al parecer, frente a la opinión de los agoreros seculares, la novela sigue conservando la buena de salud de siempre, no obstante sigan haciéndonos falta sucesores contemporáneos de grandes novelistas como Cervantes, Tolstoi y Balzac, mientras los Vargas Llosa, los García Márquez y los Arturo Pérez-Reverte siguen dando batalla en las listas de best sellers.