Por GUSTAVO H. MAYARES

Hasta el 10 de diciembre, al menos, el Movimiento Popular Neuquino cuenta formalmente con un bloque de dos legisladores en el Senado de la Nación, integrado por el gremialista petrolero Guillermo Pereyra y Lucila Crexell, quien sin embargo decidió dar el salto al macrismo previo a las PASO del domingo.

Pereyra busca la reelección y el MPN no perder presencia vital en el Congreso; pero el partido provincial parece haber quedado atrapado en la fuerte polarización que mostró el electorado, aún el neuquino, que votó mayoritariamente por opciones nacionales y no se mostró muy propenso al corte de boleta, o no todo lo propenso que necesitaba el gobernador Omar Gutiérrez.

En concreto, si se especula con que la elección general del 27 de octubre repitiera los guarismos del domingo o similares, el histórico partido del Neuquén se quedaría con las manos vacías: no consagraría ni un solo senador (dos se llevaría el Frente de Todos y uno Juntos por el Cambio) ni un solo diputado (los dos en juego quedarían para el peronismo).

Vale advertir, no obstante, que el MPN quedó a apenas 3,5 puntos abajo de Juntos por Cambio y de Horacio ‘Pechi’ Quiroga y, por tanto, no tan lejos de obtener la reelección de Pereyra, que en definitiva es la única banca que pone en juego en la cámara alta tras la defección de Crexell.

El gran dilema del partido provincial es, lisa y llanamente, cómo remontar esos puntos (poco más de 4 en el caso de diputados); un objetivo que no parece improbable teniendo en cuenta antecedentes recientes de oficialismos provinciales que lograron lo imposible.

En octubre de 2017, los hermanos Rodríguez Saá daban vuelta la dura derrota que Cambiemos les había propinado en las Primarias legislativas de San Luis realizadas en agosto de ese año. Tras el desastre electoral, el primero en 34 años de gobierno, Alberto hacía renunciar a todo su gabinete y ponía la mira en remontar 19 puntos que le había sacado el macrismo.

Con los medios que tuvo a su alcance, el partido provincial de los hermanos puntanos alcanzaba lo que calificaban como “epopeya”: en la elección definitiva, terminaban ganando por 12 puntos y Adolfo renovaba su banca en el Senado.

Habrá que ver si el partido fundado en 1961 por Elías Sapag, entre otros muchos dirigentes del ‘peronismo sin Perón’, tiene la suficiente capacidad de reacción e inteligencia para lograr el ‘milagro’ de remontar esos pocos puntos, a pesar de su boleta corta en una elección nacionalizada.