‘Amanecer en mi tierra’, la película que Ulises de la Orden filmara durante la construcción del Barrio Intercultural, se estrena en Buenos Aires.

El largometraje estrenado en febrero en San Martín, narra la construcción autogestiva del barrio y de la alianza entre “el pueblo mapuche y el pueblo pobre”, como dice una de las personas entrevistadas, para alcanzar el gran sueño del hogar propio.

Se verá desde el jueves en el espacio Incaa Gaumont, y también habrá dos funciones especiales el 4 y el 11 de junio en el Cultural San Martín, dentro del ciclo Documartes de la Asociación de Directores y Productores de Cine Documental Independiente de la Argentina (ADN).

Entrevistado por la agencia de noticias Télam, De la Orden dijo sobre el Barrio Intercultural que cuando llegó a San Martín de los Andes “en algún momento me di cuenta de que había una historia muy interesante para contar”.

–¿Cómo llega al barrio Lihuntun Inchin Mapu?

–Llegué a San Martín de los Andes hace muchos años, incluso antes de “Tierra adentro”, mi película que hablaba sobre la Conquista del Desierto, que se vio mucho en toda la Patagonia. Tenía conocimiento de lo que venían haciendo los Vecinos sin Techo y la Comunidad Mapuche Curruhuinca de este barrio intercultural. En algún momento me di cuenta de que había una historia muy interesante para contar.

–Primero el lugar, después el tema…

–La idea de cómo armar el esquema, la estructura narrativa, la dramaturgia, la película a fin de cuentas surge a partir de conocerlos y saber que permanentemente entran en conflicto con relación a los financiamientos sociales. En base a eso hicimos un rodaje de un año apostando a que iban a surgir esas cosas que se ven en la película. Como conocía el proyecto y a los miembros de Vecinos sin Techo y a varios curruhuincas, el recibimiento y la apertura fue inmediata. Mi propuesta fue ir a filmar a la cocina donde ellos estaban gestando los acuerdos para llevar adelante un proyecto de estas características. Es un barrio social hecho de modo cooperativo con múltiples líneas de financiamiento, en momentos muy hostiles. La cámara fue entrando cada vez más en el seno de las organizaciones, en esas reuniones donde se toman decisiones importantes y para eso fue también fundamental su confianza.

–¿Hay algún protagonista que guíe la historia?

–La apuesta era que el protagonista fuera colectivo, no quisimos hacer eje en ningún caso en particular. El único eje es el Barrio Intercultural. La razón por las cual después me fui quedando con algunas personas es porque era necesario que, para cuidar el relato. tenía que encontrar personajes paradigmáticos, que me permitieran contar ciertos rasgos dentro de la organización Vecinos sin Techo de esa comunidad y a partir de ellos contar quiénes son todos. Donde había una historia muy potente, ahí me metía.

–¿Cuándo y cómo fue el rodaje?

–La película La rodamos a lo largo de todo 2017, en cinco viajes de una semana cada uno, y en distintas épocas del año. Fuimos recopilando y percibiendo distintas situaciones que se iban dando, desde avances en el barrio hasta problemas de financiamiento o internos, de vínculos sociales y políticos.

–La tensión aparece cuando se discute un tema, desde los que se sienten molestos por perros o caballos hasta los manejos políticos y la corrupción política…

–En este tipo de proyectos, cuando se desata un conflicto grande, parece que todo se va a romper y terminar. Tuvimos esa sensación cuando estábamos armando el proyecto de hacer la película, lo tuvimos cuando estábamos filmando y también cuando la estábamos terminando. Ahora ya sé que esa sensación es falsa porque los avances y los retrocesos siempre los solucionan con sus consensos y con el enorme coraje que tienen para salir adelante.