Por NATALIA WAGNER

Primero disparar y después preguntar… A eso se reduce la llamada Doctrina Chocobar promovida entre las fuerzas de seguridad por el Gobierno Nacional y la ministra Patricia Bullrich en particular.

Como se sabe, el agente Luis Chocobar está procesado por haber matado por la espalda a Pablo Kukoc, de 18 años, quien escapaba luego de asaltar y apuñalar a un turista estadounidense en el barrio porteño de La Boca, en diciembre de 2017.

El policía de la Ciudad de Buenos Aires es juzgado por homicidio agravado por la utilización de un arma de fuego en exceso del cumplimiento de un deber, según determinó la Corte Suprema de Justicia.

Sin embargo, Bullrich hizo una cerrada defensa del agente –junto a Mauricio Macri– al considerar que el efectivo policial “cumplió con su deber”; es decir, no buscando la detención de un delincuente y su posterior juzgamiento sino actuando como policía y como juez, aplicando una ejecución sumaria.

Los policías de la Bonaerense que esta semana causaron la muerte de tres chicos y un joven en San Miguel del Monte no hicieron otra cosa que complacer a la ministra de Seguridad: las pericias determinaron que dos efectivos efectuaron varios disparos contra el auto, hiriendo a sus ocupantes.

Primero disparar y después indagar… La policía, entonces, deja de ser auxiliar de la Justicia para convertirse en ‘justiciera’, el organismo que ejecuta la ley según su propio entender sin necesidad de responder a ningún poder del Estado. Para el caso, aplicando la pena de muerte.