Por NATALIA WAGNER

“No podemos vivir más de prestado”, reitera Mauricio Macri a cuanto interlocutor se le presente. Habla así quien, en apenas tres años, endeudó al país en 187.000 millones de dólares, a razón de 1.800 dólares por segundo desde que asumió como presidente.

“Vamos a terminar con la inflación”, repite desde la campaña de 2015, y entre sus primeras medidas estuvieron liberar el dólar y los precios, iniciando al mismo tiempo una interminable sucesión de tarifazos que hoy alcanza el 3.600 por ciento.

Macri hizo todo lo que estuvo a su alcance para desatar la hiperinflación y ahora pretende ser tomado como adalid de la lucha contra la suba de precios que orada sistemáticamente los ingresos de los asalariados. Un piromaniaco que quiere ser bombero. Paradojas de la era macrista.

Este miércoles, el gobierno de Cambiemos hizo una breve serie de anuncios cuya finalidad es salvar el pellejo electoral o, como mínimo, llegar a diciembre con una crisis más o menos contenida, con cierta ‘tranquilidad’ social. O llegar a diciembre, simplemente.

Congelamiento de precios de apenas 60 productos de 25 empresas… Cortes de carne a precio módico pero solo en el Mercado Central de Buenos Aires… Tarifazos diferidos hasta fin de año o principios del año próximo… Facilidades de pago de deudas impositivas… Créditos flexibles para pymes… Medidas vigentes hasta octubre, hasta las elecciones…

No obstante, si tenemos a la inflación como el principal factor de preocupación oficial ya que afecta directa y agudamente a su base social, electoral, todo lo que haga el macrismo para ‘combatirla’ y dejar atrás el “pico” de marzo está destinado a fracasar.

Sucede que, al mismo tiempo, en la primera quincena del mes en curso ya hubo aumentos en artículos y productos de la canasta familiar que hacen prever un abril con guarismo inflacionario cercano al último conocido. Y mayo no vendrá mejor.

Todo lo cual viene a depreciar aun más los salarios y achicar el consumo popular, al tiempo que la especulación empuja al alza a los precios. Es decir, estamos ante una gestión presidencial que dice una cosa y hace la contraria, que quiere apagar el incendio inflacionario con nafta.