El 20 de marzo, el chofer Juan Ariel Albornoz tomó la decisión de desviarse dos cuadras de su recorrido habitual en la unidad de la línea 1 de Chacra 30.

Quiso acercar a la clínica a una anciana que había subido dificultosamente al colectivo: usaba dos bastones y se dirigía al nosocomio para hacerse atender por una lesión en la mano, producto de una caída.

Albornoz pidió la solidaridad del resto de los pasajeros que en ese momento estaban en el colectivo y la obtuvo: no hubo nadie que se opusiera a un corto y breve desvío de dos cuadras. Una mujer, incluso, lo felicitó por el gesto de humanidad.

Para Expreso Los Andes, sin embargo, esos gestos humanos son poco menos que inaceptables. Y así se lo hizo saber al chofer una vez que la empresa tomó conocimiento del hecho: al día siguiente, apercibieron a Albornoz, amenazándolo con duras sanciones.