Por G.H.M.

José Antonio Balseiro nace en Córdoba el 29 de marzo de 1919 y en 1933 ingresa al Colegio Nacional de Monserrat. Con el título de bachiller y una beca bajo el brazo, en el 39 se inscribe en la Universidad Nacional de La Plata en la carrera del Doctorado en Ciencias Fisicomatemáticas.

Tras obtener las más altas notas, en 1944 aprueba de forma sobresaliente su tesis doctoral, al tiempo que asiste al acto de fundación de la Asociación Física Argentina de la que formó parte activa a lo largo de su vida y de la que fue elegido presidente en 1959.

Trabaja en el Observatorio Astronómico de Córdoba bajo la dirección del Dr. Guido Beck en temas de física teórica y luego es designado profesor interino de Trabajos de Investigación en Física en La Plata.

Con una beca del Consejo Británico, en 1950 parte a Manchester para trabajar en la universidad local en temas de física nuclear. Pero en 1952 es requerido por el gobierno argentino para integrar la Comisión Investigadora del Proyecto Huemul.

El insólito Proyecto Huemul

En marzo de 1951, Juan Domingo Perón anunciaba por cadena nacional que en la isla Huemul se llevarían a cabo reacciones termonucleares, luego de meses de trabajo secreto bajo la dirección del alemán Ronald Richter.

Richter había sido recomendado al entonces presidente por otro alemán traído a la Argentina tras la Segunda Guerra Mundial, Kurt Tank, artífice del popular Pulqui. Perón estaba fascinado por la posi­bilidad de que nuestro país ingresara al exclusivo club de potencias nucleares.

No hizo nada diferente a lo que hicieron los gobiernos de Estados Unidos y de la URSS: buscar científicos alemanes que hubieran servido a la maquinaria de guerra nazi para ponerlos a trabajar en proyectos propios.

Con la siguiente particularidad argentina: Richter era un chanta.

Hizo construir una forta­leza en la isla del Nahuel Huapi, donde se comportaba como un pequeño y ridículo Führer, ofreciendo informes confusos bajo una terminología científica o pseudocientífica que ni Perón ni sus allegados alcanzaba a entender.

Pero, de pronto y ante la falta de resultados concretos que mostrar al mundo, la paciencia del general se agotó y los millones que el gobierno aportaba al faraónico proyecto ultrasecreto dejaron de fluir.

Balseiro volvió de Inglaterra y se puso a la cabeza de la comisión de expertos que viajó a la isla para analizar los hechos: El “Informe Técnico sobre la Inspección Realizada a la Isla Huemul en San Carlos de Bariloche”, firmado por Balseiro y Mario Bán­cora, no dejó lugar a dudas: aquello era un total delirio.

Director del Instituto de Física

También en 1952 es designado director del Instituto de Física de la Universidad de Buenos Aires y en 1954 pasa a prestar servicios a la Comisión Nacional de la Energía Atómica.

En 1954 asiste en Bariloche al Primer Curso de Verano sobre Reactores y Física Teórica y un año después la CNEA lo designa para dirigir el segundo curso de verano sobre el mismo tema que se realiza en Bariloche, conjuntamente con un curso para profesores de física auspiciado por la UNESCO.

El 22 de abril de 1955 se firma el convenio entre la CNEA y la Universidad Nacional de Cuyo creando el Instituto de Física de Bariloche, bajo su dirección. Balseiro muere el 26 de marzo de 1962, unos días antes de cumplir los 43 años.

Su capacidad, honestidad, decencia y vida dedicada en gran parte al avance de la ciencia en la Argentina, hicieron que el prestigioso Instituto de Física de Bariloche que dirigiera, hoy lleve su nombre.

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