Por LUIS A. RADEN

“No hay forma de que me baje”, afirmó esta semana Jorge Sobisch. El candidato a gobernador por la Democracia Cristiana salió al cruce de los trascendidos luego de que se supiera que desde el MPN le habrían pedido un “renunciamiento” para evitar lo que ya califican como “catástrofe en ciernes”.

Es que, tras casi 60 años gobernando la provincia, el Movimiento Popular Neuquino podría perder su hegemonía política… Al menos eso presumen algunos observadores y anticipan  algunas encuestas, que dan a Omar Gutiérrez peleando voto a voto en cada palmo del territorio provincial.

Desde el oficialismo lograron que el vice Rolando Figueroa depusiera una eventual candidatura tras el enojo que le produjo perder la interna con el mandatario y candidato a la reelección; pero nadie –o casi– pensó antes en la irrupción de Sobisch, quien gobernó la provincia por más de una década.

Ahora, a pesar de los escándalos, de sus viejos y conocidos vínculos con Mauricio Macri, a pesar del crimen de Carlos Fuentealba, cuya responsabilidad política pesa sobre él, Sobisch podría ser votado por el diez por ciento o más del padrón neuquino. Y esos votos, según se cree, son mayoritariamente del MPN.

Esa es, entonces, la “catástrofe en ciernes”: la gran porción de votos que se llevaría el exgobernador impedirían al actual mandatario conseguir la reelección y, por tanto, la provincia quedaría en manos de Ramón Rioseco u Horacio ‘Pechi’ Quiroga. Un panorama que aterra a la cúpula del MPN.

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