Por GUSTAVO H. MAYARES

Finalmente, la gobernadora María Eugenia Vidal tuvo que recular y esta semana anunció que abandonaba su pretensión –auspiciada por intendentes macristas del conurbano– de desdoblar la elección bonaerense de la nacional.

A esta altura de los acontecimientos económico-sociales, tanto ella como los jefes comunales de su partido (del Pro y de la UCR) saben que ir ‘pegados’ en la misma boleta con Mauricio Macri es o puede ser un salvavidas de plomo.

El Presidente también lo imagina: los sondeos de opinión le dan peor cada día, con una economía que también va de mal en peor, mientras la gobernadora que supo tener aspiraciones presidenciales se mantiene en niveles más o menos aceptables.

Así las cosas, Macri necesita el apellido Vidal en la boleta y por eso la presionó hasta hacerla desistir de su intención ‘desdoblacionista’. Al conocerse la noticia, varios precandidatos peronistas celebraron y otros tantos macristas se lamentaron por lo bajo.

Pero a la gobernadora tampoco le resulta fácil conformar su propia fórmula, ya con Macri como lastre que podría poner en riesgo su propia reelección. Su entorno quiere al ministro Cristian Ritondo como vice, pero los aliados radicales ponen el grito en el cielo.

Y no es para menos: en territorio bonaerense, es la Unión Cívica Radical la que cuenta con el aparato capaz de llevar adelante una elección como la que se viene en octubre, cuando se peleará palmo a palmo y voto a voto para sostener el caudal electoral necesario para un eventual triunfo.