Por GUSTAVO H. MAYARES

“Fue terrible. Se movió todo. Es como que si se estuviera rajando la tierra”, declaraba a la prensa Sebastián Zapata, presidente de la Comisión de Fomento de Sauzal Bonito, a las pocas horas del sismo de 3,4 grados que el 15 de noviembre de 2018 sacudía a esa localidad del centro-este neuquino.

Y los temblores estuvieron lejos de pasar a la historia; al contrario, son cada vez más habituales y ya forman parte de los temores cotidianos en Sauzal Bonito y la vecina Añelo, zona donde esta semana pasó algo inusual: una sucesión de al menos 20 sismos en apenas 24 horas, según reportó el Instituto de Sismología de Chile.

“Estamos sobre Vaca Muerta, estamos a 500 metros del área de Fortín de Piedra… Es una posibilidad, pero no hay nada comprobado de que sea causante de los temblores”, decía Zapata a LMNeuquén, sobre los movimientos telúricos que se suceden “desde hace más de un año” y que aquella madrugada causaron pánico entre los pobladores.

En efecto, allí están Vaca Muerta y Fortín de Piedra, el yacimiento de Tecpetrol (del Grupo Techint) que inauguraron Mauricio Macri y Paolo Rocca y comprende una superficie de 243 kilómetros cuadrados en Añelo, llamada también –y desde no hace mucho– la “capital nacional del shale”.

Con más de 11 millones de metros cúbicos de gas extraídos diariamente, es el yacimiento más importante del país y el más grande de América Latina; y las inversiones siguen a pasos agigantados: para finales del año en curso, Tecpetrol quiere duplicar su producción, alcanzando los 22/23 millones de metros cúbicos diarios.

Como se dijo, se trata de gas no convencional, es decir extraído mediante la práctica conocida como fracking.

La técnica implica la trepanación de un pozo vertical hasta alcanzar formaciones rocosas que contienen gas en sus poros; se realiza una serie de perforaciones horizontales que pueden extenderse por varios kilómetros y se inyecta a elevadísima presión una mezcla de agua, arena y sustancias químicas. La fuerza del flujo fractura la roca y permite la salida del gas de los poros.

Hasta ahora, la producción de Fortín de Piedra sólo es superada por los pozos no convencionales de Canadá y Estados Unidos, donde –justamente– se registran los llamados sismos antropogénicos: temblores causados por la actividad industrial del hombre; en este caso, también el fracking, que eventualmente puede desestabilizar fallas geológicas.

En estados norteamericanos como Arkansas, Colorado y Texas, sin actividad sísmica histórica pero que coinciden con locaciones de extracción intensiva y extensiva de gas y petróleo no convencionales, en los últimos años se multiplicaron los temblores superiores a 3 grados, llegado a 5,7 en locaciones como Youngstown, en Ohio.

“No hay nada comprobado de que sea causante de los temblores”, decía el año pasado el presidente de la Comisión de Fomento de Sauzal Bonito, pero la posibilidad está implícita. En principio, porque el fracking no puede ser inocuo para la naturaleza; pero también porque hay registradas demasiadas coincidencias entre esa actividad y la concurrencia de sismos y terremotos eventualmente catastróficos.

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