El Ministerio de Salud chubutense confirmó el viernes un nuevo caso de hantavirus: una paciente en aislamiento domiciliario en Trevelin que fue derivada a Esquel. La mujer había estado en contacto con personas infectadas de Epuyen.

De este modo llegan a 29 los casos confirmados y vinculados a esa localidad de Chubut, con diez muertos por la infección y un pueblo que, producto del brote y sus consecuencias, se está acercando al límite de la desesperación emocional y social.

“La cadena de producción está quebrada”, asegura Bárbara, vecina de Epuyen, al referirse a la situación socioeconómica que sufre el lugar. Como se temía, el virus ha destruido la economía de la región, literalmente.

Productores, artesanos y quienes se dedican al turismo están al borde del colapso, por lo cual “al que hacía jardinería y a las mujeres que limpiaban las cabañas o casas, ya no se los toma, o la doña que hacía torta fritas para vender ya no tiene dónde”, señala la vecina al diario El Cordillerano.

“Nuestro pueblo está muy dolido por las pérdidas irreparables de vidas y también atravesando un estado de incertidumbre socioeconómica”, agrega Bárbara, para quien el futuro cercano no es nada positivo: “El que no muere de hanta puede morir de hambre”, concluye.

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