Por GUSTAVO H. MAYARES

Como hicieron Neuquén y Río Negro, entre otras, cada día se suman más provincias a la lista de las que deciden adelantar sus elecciones con relación a las nacionales de octubre. A nadie sorprende que sean opositores o al menos no oficialistas aquellos gobernadores que toman tal decisión; pero algunos macristas también amenazan con desdoblar.

Así las cosas, el propio Mauricio Macri debió reunirse de urgencia con dos de sus aliados provinciales, los mandatarios de Mendoza y Jujuy, para reclamarles acompañamiento electoral. Aunque con condicionamientos en lo que hace a cargos nacionales, los radicales Alfredo Cornejo y Gerardo Morales habrían aceptado el convite.

La semana pasada, en tanto, la diputada Elisa Carrió calificó como “oportunistas” –en el peor de los sentidos– a aquellos gobernadores que toman tal decisión: “Son todos oportunistas… Pero Cambiemos no desdobla”, aseveraba por TN quien suele presentarse como abanderada de la pureza y superioridad moral del macrismo.

Sin embargo, el oportunismo puede llegar desde el propio corazón político de Cambiemos. María Eugenia Vidal, a quien las encuestas suelen dar la mejor imagen dentro del oficialismo y una buena perspectiva electoral, también planea separar el acto electoral de la provincia de Buenos Aires del nacional.

Desde el propio Macri hasta Carrió, pasando por Vidal, son conscientes de lo que se viene: 2018 fue el peor año de la gestión y el que acaba de comenzar no apunta a ser mucho mejor, sobre todo en términos económicos y sociales, lo que finalmente repercutirá en el caudal de votos a obtener en octubre y en una eventual segunda vuelta.

Córdoba, como se recordará, fue una diferencia definitiva a favor de Cambiemos para vencer en 2015 a Daniel Scioli; pero el territorio bonaerense aportó la ‘masa crítica’ de votantes que le permitió al actual Presidente ganar a nivel nacional. La defección de Vidal, entonces, podría asestar un golpe mortal a las aspiraciones de reelección de Macri.

La ecuación es relativamente simple: Vidal no necesita tanto de Macri como él de ella; dicho de otro modo, la mandataria tira electoralmente para adelante mientras que el Presidente podría convertirse en un peso políticamente muerto difícil de arrastrar en las elecciones.

La puja interna del macrismo y de sus principales referentes está entre la posibilidad de perderlo todo con la potencial debacle electoral de Macri, o conservar bastiones provinciales, especialmente el bonaerense, soltando la mano del Presidente para preparar un futuro retorno.

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