Por GUSTAVO H. MAYARES

Durante semanas, la comunidad de San Martín de los Andes se mantuvo en vilo por el vuelco de efluentes cloacales crudos, sin tratar, en el lago Lácar; durante semanas, todas las alarmas apuntaban al 1 de enero como eventual fecha para el desastre ambiental.

Sin embargo, fue recién el último día de 2018 que las autoridades del Municipio y de la Cooperativa de Agua y Servicios se reunieron para debatir el tema clave: los barros cloacales que, al no tener destino y por ende no poder purgarse, dejarían fuera de servicio a la planta de tratamiento de efluentes.

Fue recién el 31 de diciembre al mediodía que Brunilda Rebolledo y Roberto Arcagni, intendenta y presidente de la Cooperativa que gestiona la planta, acordaron dar continuidad momentánea al vertedero municipal para seguir volcando allí los barros ante la falta de destino mejor.

Una decisión que podría haberse acordado un mes atrás, al menos, se dejó pasar hasta 12 horas antes de la catástrofe, provocando preocupación entre la población y el consecuente desgaste político para las autoridades municipales.

¿Por qué esperaron hasta último momento para quitarse y quitarnos semejante peso de encima, cuando la momentánea solución estaba al alcance de la mano desde el primero momento que se planteó el conflicto…?

Impericia.